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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión del día sobre los Juegos, el Sporting y el Oviedo: Supermartes, martes negro y jubilación

La retirada de la selección de los Gasol es sólo la punta del iceberg: se acaba una generación de deportistas de élite en todos los sentidos y no tiene recambio

Pau Gasol se retira a los vestuarios con su hermano Marc al fondo tras la derrota ante los Estados Unidos

Pau Gasol se retira a los vestuarios con su hermano Marc al fondo tras la derrota ante los Estados Unidos Brian Snyder

El supermartes iba para martes negro y al final se quedó en un día de esos indicado para que los foriatos remojen los pies en la orilla de la playa dando un paseo en camiseta, gafas de sol y bermudas: bochorno, pero con el sol escondido entre nubes bajas. Dos medallas más y asegurada la plata de los chicos del balompié a la espera de que Entrerríos dé otra alegría a los habitantes de la madreñina.

Al menos, el madridismo, el que dio la murga y llamó al boicot de Luis Enrique y sus muchachos por la ausencia de representantes de la estirpe blanca en la pasada Eurocopa, puede presumir de que Asensio, de momento uno de los suyos, fue el salvador al lograr un gol marca de la casa. Golito y final soñada ante Brasil. Luego está lo que no puede ser y además es imposible, como que la ÑBA ganara a la NBA. El camino de los de Scariolo hacia las medallas se torció el día en el que Doncic y amigos les hicieron morder el polvo. Lo demás, el epílogo de una bonita historia que algún día tenía que acabar y que ha empezado con el licenciamiento con honores de la selección de los hermanos Gasol. Toca renovar. No será fácil.

Pasan los años y los Juegos y no hay manera de poner la máquina a producir. Es decir, ya es una vieja historia de la que se habla y se habla pero nada más. Ni mejores becas ni un sistema que respalde a los deportistas para regresar a la vida civil

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Lo mismo que ocurrirá con los “Hispanos” una vez que la España de Raúl Entrerríos finiquite su participación en los Juegos. Se acaba una generación de deportistas de élite en todos los sentidos y no se vislumbra un recambio cercano que ofrezca un nivel parecido. Por lo demás, las cuentas de los señores de cuello blanco sobre las medallas que se iban a cosechar fallan (otra vez). El listón de las 22 de Barcelona, con trece oros, no tiene pinta de que vaya a superarse (otra vez). Pasan los años y los Juegos (ya van siete desde 1992) y no hay manera de poner la máquina a producir. Es decir, ya es una vieja historia de la que se habla y se habla pero nada más. Ni mejores becas ni un sistema que respalde a los deportistas (no todos se hacen millonarios) para regresar a la vida civil.

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