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Antonio Rico

Al oro

Antonio Rico

La opinión de Antonio Rico sobre los Juegos: Y dos huevos duros

Se va Pau y termina la interminable fiesta en el apartamento de Holly. Se van los Gasol. ¿A quién pediremos ahora dos huevos duros?

Sentarse delante del televisor para ver los Juegos Olímpicos es como entrar en el camarote de los hermanos Marx en “Una noche en la ópera” o tomar una copa en el apartamento de Holly Golightly en “Desayuno con diamantes”. En el camarote de Groucho uno se encuentra con el plomero, la manicura, el ayudante del plomero, alguien que busca a su tía, la limpiadora, los camareros que traen la cena y un enorme baúl.

Y en el camarote olímpico-televisivo entran unas inolvidables carreras de 400 metros vallas (dos récords del mundo y, quizás, del universo), un tipo saltando con pértiga hasta el infinito y más allá, gimnastas que dejan en ridículo a los dibujos animados, jugadores de balonmano que encuentran ángulos donde no existen, jinetes elegantísimos a los que nunca veremos acompañando a Clint Eastwood en la calle principal de un pueblo polvoriento en una película de vaqueros, piragüistas que habrían sido admitidos como tripulantes de la nave “Argo” en busca del vellocino de oro y un tal Asier Martínez que se planta en la final de los 110 metros vallas con el descaro de Brad Pitt haciendo autoestop en “Thelma & Louise”.

En la fiesta en el apartamento de Holly, con música de Henry Mancini, se aprietan un gato, una joven maravillosa con la cara de Audrey Hepburn, un escritor guapísimo mantenido por una mujer, una señora con un sombrero gigante, un tipo con un absurdo parche en el ojo, mujeres que lloran y ríen, relojes en los tobillos, gente que baila sin parar y hasta José Luis de Vilallonga interpretando a un millonario brasileño. Y en la fiesta olímpica podemos bailar y charlar con… Pau Gasol. Punto.

Porque Pau Gasol llena él solito el apartamento de Holly Golightly y el camarote de Groucho Marx, pero también la plaza de San Pedro en el Vaticano, el estadio de Maracaná, el desierto del Sahara y el océano Pacífico. Se va el más grande. Se va sin poder luchar por una última medalla olímpica. No importa. Se van Gasol & Gasol, Thelma y Louise, Jasón y los argonautas, Holly y Paul, Groucho y Harpo, el poncho y el cigarro de Clint Eastwood. Se van los Gasol y el camarote de Groucho se queda triste y solo. Se va Pau y termina la interminable fiesta en el apartamento de Holly. Se van los Gasol. ¿A quién pediremos ahora dos huevos duros?

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