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Francisco García

El Armagedón nuestro de todos los años

Este Sporting tiene buena pinta, por mucho que el pasado sábado ante el Amorebieta recordara al equipo timorato y pequeño de ocasiones pasadas, acochinado en tablas. Para hacer cosas grandes hay que pensar en grande; y para ese desempeño hace falta un método. Ocurre que en un club como el Sporting, sometido a frecuentes vaivenes, prisionero de su historia, aplicado con estoicismo a la doctrina del quiero y no puedo, es más fácil agitar una bandera que una idea. Por eso gusta Gallego: porque tiene un plan, pese a que sobre el entrenador pende todavía un cierto recelo popular incomprensible. ¿Cuánto hace que el Sporting carece de metodología? No hay propósito sin programa. El míster sabe lo que quiere y el equipo entiende a lo que juega: no se engaña a nadie. Con lo que hay, tiene al equipo en lo más alto. Otros hubo antes que trataron de convencer a la afición de que Encarna tiene las empanadillas haciendo la mili en Móstoles. Se avecina el partido del fin del mundo, Babin dixit, el Armagedón capítulo 16 versículo 16. Según el Apocalipsis, la batalla del final de los tiempos tendrá lugar en un monte llamado Megido. Hasta la Biblia escribe sus renglones con tinta rojiblanca. Convendría que los augures abarataran las predicciones: andan las bolas de cristal muy empañadas, en Oviedo y en Gijón. Recuerden que estos partidos no los gana el mejor. De hecho, en los últimos años el mejor los acabó perdiendo.

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