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JC Herrero

En Oviedo no me caso, en Gijón lo pongo en duda

Estábamos intentando actualizar razonamientos respecto a la violencia, en general. Al efecto leyendo estos días el libro de Xaro Sánchez y otros “Somos una especie violenta?

En esto que, en plena calle de Gijón, me aborda una niña de unos diez años, con su madre, aquélla equipada con traje del Real Oviedo. “¿Me compra una papeleta de Navidad para el fútbol femenino?”, me dijo sin rodeos ni gaitas. Me parecía un poco precoz que arrancando octubre ya los críos capten los típicos fondos de viajes fin de curso, pero, en fin. Le cogí lotería del Real Oviedo por lo simpático y aguerrido del gesto: “¡Vale te la compro, simplemente por ser una valiente, estás en terreno ‘enemigo’, que lo sepas!

Como educador social, que lo soy, si tuviera que poner un ejemplo de cómo desactivar tanta genética, epigenética y sobre todo cultura de la violencia que abordan estos neurólogos, psiquiatras y demás especialistas del carácter, pondría como ejemplo a esta niña. Corría el riesgo de ser abucheada, con toda probabilidad. Estábamos a veinticuatro horas del derbi.

Bien es cierto que contrastando la papeleta adquirida con la lotería oficial del primer equipo hay bastantes diferencias, hasta me queda la duda de que no sea un “lotomocho”, estando a favor que el fútbol femenino llene los estadios del Tartiere y El Molinón; ese es el fondo de la cuestión.

En fin, no traicioné mis colores, simplemente reconocí la valentía de la niña, también la osadía de la madre. Por si acaso hubiera altercados, marché entonando el amarillismo del “…en Oviedo no me caso, en Gijón lo pongo en duda…”, todo por el fútbol femenino, a ver si las chicas vienen a ponernos el palacio de Trubia, eufemismo que evite la violencia en el deporte.

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