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Eloy Méndez

Pase al hueco

Eloy Méndez

Ninguna diferencia

El Sporting, en un buen partido, hizo lo mismo que cuando gana

El Sporting pagó ayer con toda la crudeza lo que venía asomando desde el inicio de la temporada como el principal problema del equipo: una erosión de la seguridad defensiva, su santo y seña el año pasado. Perdió por sus errores porque el verdadero mérito del Valladolid fue convertirlos en aciertos propios. Fue esa la única diferencia con respecto a buenos partidos anteriores. El fútbol es así: haciendo lo mismo no siempre se obtiene el mismo resultado. Es más, lo habitual es que el resultado sea distinto.

El evidente retroceso en la zaga en comparación a la primera campaña de David Gallego responde a dos factores distintos, pero interconectados: un aumento de los fallos individuales (ayer la palma se la llevó Bogdan, tristemente acompañado en el segundo tanto visitante por Gragera, en otro bajón de concentración para su debe) y un posicionamiento de la línea varios metros por delante debido a que el equipo es infinitamente más ofensivo gracias y casi en exclusiva a Fran Villalba, rey de la verticalidad frente a la parálisis que a menudo provocaba en el juego su antecesor en el trono de la mediapunta. Así que lo comido por lo servido: lo que se ha perdido atrás se ha ganado adelante. El espectador lo agradece y la práctica del balompié se ennoblece.

El que pase lo que pase nunca defrauda es Djuka, que la volvió a tener y la volvió a meter. Y ayer estuvo bien acompañado en el espíritu ofensivo por Aitor García, que se vino arriba tras su ocasión inicial, dando muestras una vez más de ser un jugador fundamentalmente autosugestivo, en los buenos momentos y en los malos. Tampoco falló la afición en la segunda cita sin aforos, aunque los 16.000 espectadores siguen lejos de las cifras prepandémicas. Un bajón generalizado en todo el fútbol español y que, de momento, no tiene fecha de caducidad.

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