Pagar la entrada en Pumarín para disfrutar de un partido del Oviedo Baloncesto sale barato por cuanto además de presenciar un partido de baloncesto no exento por lo general de emociones fuertes que ponen a prueba la resistencia cardíaca de cada aficionado, se pasa la prueba del algodón de la resistencia a un ataque innumerable de decibelios. Además se tiene la ocasión de olfatear una experiencia gastronómica que se cocina en una olla a presión, a fuego lento. Y por si fuera poco, se asiste en cada partido a una exhibición de claqué o de ballet ruso: el habitual clínic de juego de pies, de fundamentos de jugar al pívot a cargo de una leyenda de la LEB Oro: Oliver Arteaga, el “cinco” puro que el pasado domingo, ante el Granada, firmó los siete rebotes que le sitúan como líder histórico de la categoría. Arteaga lleva capturados 2.753 rechaces en la liga de plata, superando los números de Urko Otegui.

A sus 38 años, Oli sigue ejerciendo cátedra y magisterio. Es un maestro en el manejo de los movimientos y los espacios, tanto de cara al aro como jugando de espaldas. Nada extrañaría que la mejora de Kabasele en los últimos partidos tuviera que ver con las enseñanzas del compañero de baile. El “center” del Oviedo, una institución local y un orgullo para el club, no había tocado un balón de basket hasta los 15 años, de manera que tuvo que aprender los secretos del juego a pasos agigantados. Los pasos del gigante fueron ganando espacio en la bombilla en algunos equipos de ACB, como el viejo Pamesa Valencia, donde forjaron su talento; el CAI Zaragoza o el Manresa. Pero ha sido en la LEB donde Arteaga ha dejado su impronta, hasta convertirse en legendario.

Desconocemos si la actual será la última temporada en activo del jugador canario nacido en El Hierro, donde puede que en el futuro se dedique a la plantación de piñas. Lo seguro es que, cuando cuelgue las botas, Arteaga se establecerá en su isla natal, con su mujer y sus dos hijas. Y puede que le den un papel de extra en, si la hubiera, una nueva entrega de la serie televisiva que, protagonizada por Candela Peña y Darío Grandinetti, ha puesto a su isla en el mapa. Y en la que han participado, como actores de bulto, su hermano y su sobrino, lugareños. Incluso la casa del pívot sirvió de plató en el primer capítulo de la segunda temporada.

Mientras eso, que no deja de ser ficción, ocurre, siga la grada disfrutando del Fred Astaire de la pintura en Pumarín y sus inigualables pasos de baile, “cheek to cheek”.