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Eloy Méndez

Pase al hueco

Eloy Méndez

Tener o ser un problema

La falta de argumentos del entrenador y el pecado original

David Gallego roza ya ese punto de no retorno en la vida de un entrenador que implica pasar de tener un problema a ser el problema por no saber resolverlo. Es innecesario recordar que hace un mes largo recibía la ovación mayoritaria de las pacientes gentes rojiblancas y ahora ganan con mucho los que piden para él la picota. El fútbol es así desde que alguien le dio la primera patada a un balón: lo justo no siempre es sinónimo de lo necesario. Y la primera media hora de ayer en El Toralín desmonta uno por uno todos los argumentos que se pueden esgrimir a favor del técnico.

Con las luces cortas, quizás sea acertado situar el origen de la decadencia en el partido frente al Valladolid en El Molinón. No por el juego, ni por el resultado, sino por la interpretación que se hizo desde el banquillo. En ese momento comenzó una imparable huida hacia adelante que podría estar viviendo sus últimos metros. Gallego enfatizó entonces, con una enorme venda en los ojos, que el Sporting había sido infinitamente mejor. Y ahí se quedó. Negó ante el aficionado medio lo evidente: que el rival se había llevado los tres puntos de Gijón sin mover un dedo. Unos días después, el Almería vino a certificarlo. Cuando falla el análisis, falla todo lo demás.

Aunque en honor a la verdad, y poniendo las largas, el pecado de este equipo se arrastra desde el inicio de temporada, en los tiempos de vino y rosas. Es la preocupante erosión de la seguridad defensiva que ha acabado por arrastrar a todas las líneas, como en un castillo de naipes. Si a eso se suma que el único goleador no está por razones exógenas o por decisiones personales que afectan a su trayectoria profesional, el drama está servido.

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