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La Nueva España

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José Luis

Señales intermitentes

Sobre la trayectoria del equipo y el sustento de El Requexón

Las señales son intermitentes, pero ya el hecho de que estén encendidas es preocupante. Partidos como el de Miranda del Ebro o el de Leganés de hace un par de semanas (o incluso la segunda parte contra el Amorebieta) están dejando ver que las costuras de este Oviedo son más finas de lo que parecían. Aunque el traje aguanta, eso es lo positivo. Hace una temporada, dos o tres hacia atrás esos partidos, muy probablemente, hubieran acabado decantándose hacia otro lado. Ya saben. La reacción del equipo era impensable.

Ese es el lado luminoso de la temporada. El del compromiso y la entrega de jugadores que hay este año no es el mismo que en campañas no tan lejanas. Quizás en eso tenga mucho que ver que la base de este equipo, la columna vertebral, está cimentado sobre jugadores de la casa, de El Requexón. Por mucho que Anquela presuma –en las columnas de al lado– haberle ofrecido algunas migajas a canteranos que ahora empiezan a ser indiscutibles.

Aquellas temporadas, las del jienense, el equipo también anduvo rondando el play-off, como probablemente haga esta campaña. El problema es el mismo de siempre, la sensación es que el Oviedo da para más y que en algunos partidos hay cierta conformidad con no agredir al rival a cambio de no salir dañado. Vamos, que se les ve conformes con el empate.

El caso es que el Oviedo tiene ya la mitad del camino de la temporada recorrido. Ya tiene en el zurrón 25 de los 50 puntos necesarios para salvarse. Ahora toca ver hacia dónde se decantan esas señales de alarma. O se apagan o se ponen al rojo vivo. Esperamos más de los cuquinos.

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