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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión del día sobre el Oviedo y el Sporting: La Aparo y el belén de Djokovic

El oviedismo se da un chute de moral tras presentar en LA NUEVA ESPAÑA a la nueva directiva de la Aparo, en Gijón Gallego vuelve a tener una fiel parroquia y Djokovic pasa de ser Espartaco a Jesucristo

Manuel Paredes, vicepresidente del Real Oviedo, saluda a María Joglar, presidenta de la Aparo, en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA Irma Collín

Son días felices en la madreñina astur del balón, a pesar de que los acercadores de camellos y los recogedores de musgo tienen que desmontar el belén y guardar en el trastero la caja con las figuras del nacimiento. El oviedismo se da un chute de moral en el Club Prensa Asturiana de LA NUEVA ESPAÑA para presentar en sociedad a la nueva junta directiva de la Aparo, la asociación que agrupa a todas las peñas azules. En una decisión para la historia, la Aparo será presidida en los próximos años por María Joglar, miembro de la peña Riosa. Entre sus planes para su mandato, recuperar como sea las “líneas azules”, perdidas en el fragor de la batalla mateína de chiringuitos, sí, chiringuitos, no.

Mientras, a 28 kilómetros, Gallego vuelve a tener un rebaño numeroso del que ser su amantísimo pastor. No hay nada como levantar una eliminatoria copera ante un equipo de Liga de Campeones para recuperar la etiqueta de “mocín de la película”. Por eso el fútbol es así de grande. Durante semanas te quieren ventilar tras haber sido considerada la última esperanza rojiblanca, y llega el Villarreal de Emery y Gijón se convierte en el San Francisco del “Flower Power” de los años sesenta.

Y si no que se lo digan a Cristian, delantero del Caudal, cuya historia para retornar a los campos tras romperse la tibia y el peroné, y seguida día a día por LA NUEVA ESPAÑA, da para miniserie de las guapas en Netflix: sufrimiento, a un paso de la retirada, perseverancia, regreso y gol salvador para su equipo en el descuento el día de Reyes.

Pero nada comparado con el “chou” que nos está ofreciendo en vivo y en directo “Espartaco” Djokovic, al que su padre ya presenta a las visitas como el nuevo Jesucristo por lo mal que se están portando con el chiquillo en Australia, patria de la vena de Nick Cave, de los ojos de Kylie Minogue y del estilismo de Cocodrilo Dundee. Eso sí que es montar y desmontar el belén. Pero de una patada.

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