Suscríbete

La Nueva España

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Antonio Rico

Fútbol es fútbol

Antonio Rico

Comer o no tener hambre

El dolor que provoca a los equipos de la zona media-alta dejar de ganar

Si hacemos un cálculo de placeres futbolísticos, está claro que es mejor ser aficionado de un equipo que se mueve habitualmente en la zona media-alta de la clasificación que ser seguidor de un equipo nacido para ganar y, como diría Luis Aragonés, volver a ganar, y ganar, y ganar, y ganar. ¿Qué le pedimos al Villarreal? Buen juego, una temporada sin sobresaltos y, si es posible, clasificarse para disputar una competición europea. ¿La Liga de Campeones? Perfecto. ¿La Liga Europa? También vale. ¿No hubo suerte y la próxima temporada el Villarreal solo disputará la Liga y la Copa? No pasa nada. ¿Podemos decir lo mismo del Barça? Hagamos un cálculo de placeres. ¿Qué proporciona más placer, ganar una Liga de Campeones de vez en cuando y perderla miserablemente la mayor parte de las veces, como ha hecho el Barça en estas últimas temporadas, o no ganar un título casi nunca y cumplir casi siempre con lo que se espera de un equipo como el Villarreal? ¿Son más felices los culés que ven a su equipo arrastrarse hasta las primeras posiciones, o los osasunistas que ven la vida desde una confortable posición en la mitad de la tabla?

Si el objetivo es, como postulaba Epicuro de Samos, la imperturbabilidad o la serenidad de espíritu, entonces es mejor ser osasunista que culé. Un aficionado de Osasuna no echa de menos ser campeón de Europa, pero un culé lleva varias temporadas masticando la arena de le derrota y ha convertido el recuerdo de las grandes victorias en la Liga de Campeones en un dolor de muelas. ¿No es mejor renunciar al placer de ganar una Liga de Campeones para evitar así el dolor de no ser campeón las temporadas siguientes? ¿No es cierto que estas últimas temporadas de éxitos han convertido a los sevillistas en unos tipos exigentes que soportan mal no codearse con los grandes de Europa? ¿No sabe a gloria a los rayistas ver a su equipo pisando los talones del Barça? ¿Quién disfruta más, un aficionado del Barça o del Madrid ganando una y otra vez a equipos como el Rayo Vallecano y el Elche, o un aficionado del Rayo o del Elche ganando alguna vez al Barça y al Madrid?

¿Es mejor un placer físico activo como, por ejemplo, tener hambre y comer nuestro menú favorito, o un placer físico estático como no tener hambre? ¿Es mejor empezar la temporada futbolística con grandes expectativas y el ánimo dispuesto para ganarlo todo, o sentarse en la grada sin preocupaciones ni ambiciones que producen ansiedad porque estamos preparados para la derrota? ¿Preferimos comer títulos, o no tener hambre de títulos? ¿Aspirar a cenar triplete, o no tener necesidad de asaltar la nevera para ver si en algún rincón olvidado hay alguna Copa que llevarse a la boca? ¿No es cierto que los grandes equipos que ganan un título lo olvidan enseguida, de modo que el placer de la celebración dura lo que dura el interés por el final de una serie de moda en Netflix? ¿No es también cierto que el placer de no celebrar nada porque todo ha sido como tiene que ser dura mucho tiempo?

Futboleros del mundo, dejad de comer. Limitaos a no tener hambre. Desead que vuestros equipos no ganen nada nunca para no tener que echar de menos esas victorias cuando llegue el momento de la derrota. Tranquilidad de espíritu. Serenidad. La imperturbabilidad de los aficionados del CSKA en los tiempos de la Unión Soviética, cuando una gran canasta de Tkachenko era saludada por discretísimos aplausos y una derrota ante el Real Madrid era recibida con prudentísimos silbidos. O puede que no… A la porra con todo. Comamos y bebamos, porque mañana moriremos y los culés verán cómo se renueva a Umtiti para rebajar la masa salarial para no sé qué de no se entiende muy bien qué, y celebrarán una derrota ante el Real Madrid en la Supercopa como si fuera una victoria moral. No tener hambre termina por dar hambre.

Compartir el artículo

stats