La de anoche en Pumarín fue una victoria del Oviedo Baloncesto más por agotamiento del rival que por méritos propios del equipo carbayón. Fue un partido lleno de imprecisiones por ambas partes, pero que quizás se notaron más (hasta la fase final del encuentro, en que recondujo su actuación) en el equipo de casa, no dado a cometer tantos errores como ocurrió ayer ante el Palma Alma Mediterránea. Un conjunto, el balear, que llegó al polideportivo ovetense muy mermado de efectivos tras haber despedido en los últimos días a tres de los jugadores con lo que había iniciado la campaña y no poder contar con sus sustitutos, entre ellos el ex oviedista Brown. Si a eso se le une que los de Mallorca van últimos, con un único partido ganado, era lógico pensar que sus ímpetus irían decayendo a medida que pasaran los minutos, como así fue.

El Palma aguantó hasta el descanso, al que se llegó con empate a 29 puntos. Incluso se puso varias veces por delante en el marcador, y si todo se igualó tras los dos primeros cuartos fue gracias a la buena labor de Kamba, que ayer despachó, probablemente, su mejor partido desde que viste de azul. No sólo salió en auxilio de sus compañeros cuando más lo necesitaban, con canastas de gran valor y gran fuerza defensiva, sino que, a diferencia de ocasiones anteriores, se le vio concentrado en todo momento, desde el primero al último minuto, sin perder ningún balón tonto, algo a lo que tan dado es cuando tiende a dispersarse.

Lo que está claro es que Pumarín vuelve a ser el fortín del Oviedo Baloncesto. A diferencia de lo sucedido el domingo en Melilla, a los jugadores carbayones se les vio en todo momento confiados en la victoria, aunque no les estuvieran saliendo bien las cosas. Sí, se vieron beneficiados por el agotamiento de los jugadores más destacados del rival, pero también es cierto que en ese cansancio tuvo mucho que ver la agobiante defensa de los azules en los dos últimos cuartos.

Eso sí, ante la exigencia de los próximos partidos, el primero contra el Estudiantes el domingo, bien le vendría a Lezkano recuperar la mejor versión de algunos de los miembros de su plantilla, fundamentalmente la de Xavier, cuyo concurso desde la media y la larga distancia se antoja imprescindible para intentar acometer con ciertas garantías de éxito los complicados, a la vez que ilusionantes, inminentes compromisos ligueros.