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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión sobre el Sporting y el Oviedo: Una de música

Se achica el espacio que queda para resolver el misterio de quién subirá y quién bajará; quién será feliz como para atreverse con la guitarra y marcarse una ranchera, y quién acabará entonando un tango para ahogar las penas

Un acción del Sporting-Oviedo JUAN PLAZA

Tenores, contratenores, cantautores y lo que haga falta. Todo para apoyar a los dos grandes del fútbol asturiano a conseguir sus objetivos. Se achica el espacio que queda para resolver el misterio de quién subirá y quién bajará; quién será feliz como para atreverse con la guitarra y marcarse una ranchera, y quién acabará entonando un tango para ahogar las penas. Pongamos que sea “Cambalache”, ya saben, el de “los inmorales nos han iguala’o” y que “da lo mismo ser cura, colchonero, rey de bastos, caradura o polizón”.

En estos días en los que se deciden ascensos y descensos, unos y otros miran lo que hace el rival: que si este pierde allí a mí me vale con un empate aquí y tal y tal. En eso sigue el Sporting, que a pesar de una racha de resultados infame sigue dependiendo de sí mismo y fía parte de su suerte a un resurgir mágico a la espera de que el Almería no falle ante la Real B.

Mientras, a 28 kilómetros, las cuentas son las de esperar al lunes para ganar a un Zaragoza que puede haber cerrado la permanencia matemáticamente incluso antes de jugar en el Tartiere. En la capital maña andan a otras cosas, como son la venta del club, por lo que se confía en que todo, la suerte, los hados y lo que haga falta, caiga del lado carbayón. Por lo demás, semana negra para el periodismo asturiano, una de esas en las que se debería permitir a las redacciones cerrar por defunción, tras la trágica muerte de Iván Álvarez. Terrible.

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