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Mario Antuña

Ni queriendo

A mis amigos oviedistas, con el cariño y el respeto de siempre, que me consta es mutuo. Primero, vosotros no habéis hecho los deberes. Segundo, dependiendo de terceros como el Sporting…: ¡Ni queriendo! Tras el infame partido de Fuenlabrada (uno más, como la temporada en sí), en el que el Sporting se jugaba, ¡nada más y nada menos!, la permanencia en Segunda, conseguida gracias a otros aún peores, ¿alguien con sentido común piensa que este equipo está en condiciones de ganar a Las Palmas? No ya para beneficiar los intereses del eterno rival, que sería mucho favorecer si se pudiese y se quisiese, sino para salvarse él mismo de como se llame ahora la Segunda B. Por eso, ante los requerimientos de mis amigos oviedistas, respondo con la misma resolución que Woody Allen aplicaba al problema de valor y moral que exponía en la película “Manhattan”: “Si fueras por un puente y vieses a un hombre ahogándose en el río, ¿qué harías, arriesgarías la vida lanzándote a las heladas aguas para salvarle?”. El gran director neoyorquino resolvía la encrucijada sin remordimientos: “Yo ese problema no lo tengo, porque no sé nadar...”. Sé nadar, pero vuestro deseo de que el Sporting gane a Las Palmas bien sea por profesionalidad, deportividad, pundonor, orgullo, amor propio, asturianismo, apelando incluso a la Virgen de Covadonga o a don Pelayo, “me es completamente hidráulico” (respuesta de un profesor a quejas de los escolares): ni queriendo, si es que quisiéramos; ni pudiendo, si es que pudiéramos, que lo dudo.

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