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Nacho Azparren

El chico y la pelota

Sobre la decisión de Borja y su nuevo rol en el Oviedo

Quien intente interpretar a Borja con los códigos del futbolista común se perderá en la traducción. Borja es diferente. Lo es en el campo, donde se expresa con una chistera bajo el brazo, y lo es fuera. La apuesta por seguir en el Oviedo solo puede entenderse desde la perspectiva de un chico que lo único que reclama es la pelota. Cada vez que el balón echa a rodar, vuelve al mismo partido, el que jugaba en el patio del colegio San Ignacio. Alejado de la parafernalia que rodea al deporte actual, Borja representa al futbolista en el sentido más puro, más natural. Y ha decidido seguir en Oviedo por una razón muy sencilla: es donde es feliz.

Conviene no obviar un dato importante: ni será el futbolista mejor pagado de la plantilla, ni estará cerca de serlo. La cuestión económica nunca fue lo principal, aunque la mejora contractual sea evidente: lógico cuando el sueldo era cercano al salario mínimo de Segunda.

La apuesta al azul ya le salió bien otra vez: cuando cambió a Cristiano y Modric de compañeros de rondos en las comodidades de Valdebebas a la poco gratificante Tercera División. Se fue al Vetusta, con Rozada, renunciando a propuestas superiores. "Es muy llamativo, pero poco resolutivo; le costará llegar al primer equipo", sentenciaron sobre él en las oficinas de El Requexón aquel primer curso. Así que se comió el barro y le tocó llegar por el camino largo.

Introvertido, callado, discreto, pero con las cosas claras, cuentan que cuando a Borja le llegaron los ofrecimientos de Primera, solo pedía una cosa: una llamada del entrenador para saber que realmente apostaba por él. Que no era simplemente una "oportunidad de mercado". Pedía cariño antes que millones. Fue esa lectura más emocional la que Bolo y Tito han sabido explorar. Pero Oviedo siempre su primera opción. Lo demostró hace dos años cerrando su renovación con Arnau: aquel contrato, con una cláusula de 10 millones, quedó olvidado en un cajón de México.

Ahora, y tras el broche del Grupo Pachuca, liderará al nuevo Oviedo y tendrá que lidiar con una situación novedosa: es el emblema. El vídeo de promoción de la campaña de abonados confirma las sospechas. Y a él, que le gusta avanzar alejado de los focos ("ser capitán no es un rol para mí. ¡Yo nunca presento candidatura!"), le toca madurar, dar un paso al frente. Ese protagonismo añadido en un club como el Oviedo supone algo más que ganar regularidad en el campo. "Aquí eres futbolista hasta para comprar el pan", decía un antiguo capitán de la etapa más oscura. Aunque al final, todo se reducirá a lo mismo, el chico y la pelota. Y podrá hacerlo en el lugar donde es más feliz.

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