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Nacho Azparren

Guadalupe, socia de la Santina

Jesús Martínez se acercó a la Santina, le miró con respeto institucional y, micrófono en mano, anunció en su presencia que habilitaría una sala en el Tartiere a modo de capilla para que los jugadores “puedan hacer una oración” antes de los partidos. La idea, perpetrada con el capellán azul Santiago Heras, creó tal satisfacción en Adolfo Mariño, abad de Covadonga, que se saltó el protocolo para pedir un aplauso para el dueño del Oviedo.

Queda demostrado a estas alturas que Martínez es algo así como la cara del nuevo Oviedo. Una mano de color que choca con el tono gris que se había instaurado en los últimos años en el club.

Y eso que el cambio accionarial cogió al personal a contrapié, sin saber muy bien si ilusionarse o temer por un futuro sin el paraguas de papá Carso. El paso de Martínez y sus hombres por Oviedo ha servido para disipar las dudas. Dominan la escena y saben transmitir. Y el oviedismo, claro, está enganchado. Gran parte del mérito, la irrupción del nuevo dueño. La espera de hora y media para sacar un abono, además de un gesto sincero de humildad, es un éxito en cuanto a marketing.

El anuncio de la creación de una capilla es una anécdota, un detalle a la espera de obras mayores: de dotar al Tartiere de espacios comerciales como los que tiene el estadio de Hidalgo, en Pachuca, por ejemplo. O de una nueva ciudad deportiva como objetivo mayor. Pero deja a las claras que, sí, que el nuevo dueño ha entrado sin estruendo intentando dar continuidad al proyecto de Carso. Pero en cuanto pueda, dejará su sello. De ahí que todos en el club quieran agradar al nuevo propietario. Se huelen que, a medio plazo, habrá cambios drásticos en la entidad. El “método Pachuca” viene con remodelación incluida.

Confesaba ayer Jesús Martínez sentirse maravillado ante el marco que proporcionaba Covadonga. Se acordó el mexicano en varias ocasiones de la Virgen de Guadalupe, patrona de América Latina, a la que se acoge habitualmente en sus oraciones prepartido en el estadio de Hidalgo. Allí también tiene su capilla. Ahora le toca cumplir con la Santina. Le ha prometido una capilla en el Tartiere. El próximo fichaje de Pachuca es un inyección extra de fe.

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