Algunos futbolistas (pocos, muy pocos, poquísimos) son como el Gran Rey Darío I, el creador del enorme y complejo imperio aqueménida en los siglos VI y V a. C. Ciro el Grande fundó ese imperio, pero fue Darío quien lo extendió del río Indo al Mediterráneo y de Ucrania a Egipto, lo consolidó y le dio forma ideológica y administrativa. ¿Qué tiene que ver Darío I con Cristiano Ronaldo, Lewandowski o Haaland? Hasta la fundación de la monumental y fascinante Persépolis, la gran capital del imperio aqueménida, Darío se desplazaba por sus dominios junto con su corte y sus lujosas tiendas, de forma que la corte estaba donde estuviera el rey, ya fuera Susa o Ectabana. Los grandes futbolistas también se desplazan con su corte itinerante de un equipo a otro y, de esta manera, podemos decir que los goles de Ronaldo o de Haaland están donde se encuentran en esos momentos Ronaldo y Haaland. Ni Ronaldo ni Haaland necesitan una capital como Persépolis porque las calzadas del fútbol moderno permiten la comunicación entre todos los grandes clubes de Europa. Los goles de Haaland están donde está Haaland. Pero no todos los grandes reyes pueden ser Darío I.

Messi, por ejemplo, no es un gran rey. Messi, como quizás Hazard o Griezmann, no son futbolistas que se mueven por el imperio según la estación del año (o de su estado de forma ligado al paso y el peso de las temporadas) porque no soportan bien el nomadismo (aunque sea de lujo) de un Darío I que rendía homenaje al pasado nómada de los pueblos iranios. Y es que hay grandes futbolistas que necesitan establecerse en una capital como Persépolis. El Barça era la Persépolis de Messi, como el Chelsea fue la Persépolis de Hazard o el Atlético de Madrid es la Persépolis de Griezmann. Ronaldo, Haaland o Lewandowski son otro tipo de futbolistas. Otro tipo de grandes reyes del imperio aqueménida. Podemos lanzar a estos tres delanteros a cualquier gran equipo y seguirán marcando goles de todos los colores, sonidos, olores, tactos y sabores. Ronaldo, Haaland o Lewandowski se mueven y los campos de tiendas itinerantes que siempre les rodean les seguirán a donde sea. Darío I se presentó (y se hizo representar) como faraón de Egipto, hijo de Ra, sin ningún problema. Haaland se presenta como faraón del Manchester City, hijo de Guardiola, sin ningún problema futbolístico, lógico o filosófico. En un mes, Lewandowski ya es faraón del Barça, hijo del Dream Team, sin que nadie se rasgue las vestiduras ni atisbe el fin de los tiempos después de las palancas de Laporta.

Persépolis se convirtió en la capital religiosa, administrativa y económica del imperio aqueménida. Ya sabemos que ni Messi ni Neymar necesitan ciudades o equipos que sostengan su poder económico, pero desde el punto de vista religioso, administrativo e incluso dinástico (todo gran futbolista necesita un sucesor) esa ciudad era Barcelona y ese equipo era el Barça. Ni Messi, ni Neymar, ni Hazard, y me parece que ni Harry Kane, ni Mané, ni Pogba pueden ser grandes reyes como Darío I o como Ronaldo porque necesitan una Persépolis. Tampoco Mbappé. Sin duda hay muchos factores que frustraron el que parecía un fichaje natural: Mbappé y el Real Madrid habían nacido el uno para el otro, y todos sabíamos que Mbappé vestiría de blanco y sería proclamado hijo de Ra en el Bernabéu. ¿Qué ocurrió? Puede que Mbappé quiera ser para el PSG lo que fue Messi para el Barça, pero me parece que la decisión de Mbappé de no fichar por el Madrid tiene que ver con el vértigo ante una vida nómada y la convicción de que se está en Persépolis mejor que en ningún sitio.