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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión sobre el Oviedo y el Sporting: Perros verdes y ratones coloraos

La ilusión con la que comenzó la historia de amor entre Bolo y el Oviedo va camino, si don Balón no lo evita, del juzgado de familia, y en Gijón toca llorar la mala suerte de Nacho Méndez

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Las imágenes del entrenamiento del Oviedo Miki López

Decía Jesús Quintero, cuya voz se ha apagado para siempre, con aquella tristeza de suicida, algo así como que "la fama aburre, la gloria pesa, el poder corrompe, el dinero esclaviza, el amor se muere y la pasión se termina y acaba en los juzgados". Que los sueños, si llegan a cumplirse, decepcionan y que la historia de cualquier vida es la historia de un fracaso. Muchas de estas afirmaciones del "Loco de la Colina" pueden aplicarse a lo que en estos días está ocurriendo en el "fúrgol" de la madreñina.

Por ejemplo, la ilusión con la que comenzó la historia de amor entre Bolo y el Oviedo va camino, si don Balón no lo evita, del juzgado de familia. Los chicos no entienden lo que les pide el técnico vasco y la paciencia entre las huestes azules está en mínimos históricos. El juego vistoso y alegre que se prometió a los amiguinos y amiguinas carbayones sigue desaparecido en combate, y los puntos vuelan del Tartiere como los Rolex de las muñecas de los turistas en Barcelona.

Mientras, a 28 kilómetros, toca llorar la mala suerte de Nacho Méndez, que se resistió a dejar el Sporting para ir convenciendo poco a poco al Pitu, ser de los mejores en Tenerife para luego sufrir la cara más amarga del deporte. Entre tanto, prosigue a tope la operación 40-100-300 para convertir a Asturias en mundialista en 2030. La ilusión, la perplejidad y la suspicacia generan un cóctel en el estado de ánimo de los contribuyentes que augura tardes de gloria. Por lo demás, ratones coloraos y perros verdes, ¿oyisti, güey?

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