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Pablo González

En territorio comanche

Pablo González

La opinión sobre el Oviedo y el Sporting: Sangalli, Mariño y el Cadillac

Los grandes de la madreñina aligeran sus plantillas: el mercado mueve el género y como un cirujano plástico quita carne de aquí para colocarla allí

Por la izquierda, Mariño, Jony y Sangalli LNE

Día de despedidas en la madreñina "furgolística". En Oviedo, Sangalli hace las maletas para prestar sus servicios en el Racing de José Alberto, y en Gijón, Mariño hace lo propio para buscar el calor de Almería junto a Rubi, otro ex del Sporting. Son las cosas de este "fúrgol" donde, tras poner fin a la vuelta a casa por Navidad para comer el mejor turrón del mundo, el mercado mueve el género y como un cirujano plástico quita carne de aquí para colocarla allí.

Son jornadas en las que hay que dejar salir para que los que esperan para sumar una muesca más en forma de equipo a su trayectoria puedan entrar. Es el "fúrgol" moderno, amigo, en el que alguien como Sangalli (tres años y medio de azul) y Mariño (seis y medio de rojiblanco) son casos excepcionales.

La filosofía del pan y circo, al margen de los rendimientos, exige nuevas caras, nuevos gladiadores que aporten músculo para tratar de lograr los objetivos con los que sueñan los clubes y sus impacientes seguidores. En el Oviedo, el Almirante Cervera quiere velocidad arriba para pulir su sistema de "defender, robar y correr".

Mientras, a 28 kilómetros no queda claro lo que se busca. Arriba hay atasco. Pero la cantidad no significa calidad, y mucho menos goles, que es de lo que carece el Sporting. Se va Mariño, santo durante mucho tiempo y en horas bajas últimamente, y ya veremos quién viene. Gragera quiere salir, y a Jony ya no le dan ni la hora después de ser paseado por la Quinta Avenida en un Cadillac descapotable entre una lluvia de confeti como los primeros astronautas que pisaron la Luna. Y es que, queridos amiguinos y amiguinas, nadie es eterno, ¿oyisti, güey?

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