Opinión

Los jueves, milagro: lo que le espera al Sporting en Barcelona

Para que la película de la promoción tenga un final feliz, del guion se deben eliminar viejos y retirados errores

Aficionados del Sporting en el partido ante el Espanyol

Aficionados del Sporting en el partido ante el Espanyol / Marcos León

El sportinguismo tiene un deseo tatuado con tinta de esperanza en una piel curtida de sufrimiento: "Nos va a salir bien". Superar la eliminatoria contra el Espanyol en Barcelona sería un acontecimiento extraordinario o maravilloso, que no es otra cosa que la definición de un milagro cuando el término pierde su acepción divina, se convierte en terrenal y, en el caso del fútbol, su escenario es un campo de juego. Si hay milagros humanos, ¿por qué no creer? Hoy es jueves y los jueves toca milagro. O al menos así quedó sellado para la historia del cine por el genio de Luis García Berlanga.

Para que la película de la promoción tenga un final feliz para el Sporting, de su guion se deben eliminarse viejos y retirados errores. En especial dos, bien apuntados en rojo en las normas de la termodinámica del fútbol aun no escritas. El primero, quien perdona pierde; no se pueden errar oportunidades tan clamorosas como de las que se dispusieron en El Molinón el pasado domingo (obviemos nombres por la moral de la tropa). El segundo, hay que salir a ganar desde el vestuario, como hizo el Sporting en el anterior encuentro en el que plantó cara al Espanyol, sin un segundo para la especulación, porque es imprescindible marcar dos goles si se quiere superar la eliminatoria y porque quien no sale decidido a vencer ya se sabe que está condenado al fracaso.

Para que este jueves haya milagro también es necesario que no se produzca una intervención sobrenatural. Hay mal pensados que sostienen que a los gerifaltes del fútbol les interesa más el Espanyol en Primera y cualquier pitido a favor sería bien escuchando. Fíjense cuánto desconfiado hay por ahí, no me hago a la idea del porqué. Jon Ander González Esteban, ese colegiado con cara de señor mayor, arbitró en El Molinón el domingo pasado como el mítico Charlie Watts les daba a las baquetas con los "Rolling Stones": "Prefiero tocar sutilmente que alardear con la batería". Es decir, el árbitro con tantos nombres vascos como apellidos castellanos realizó un "Charlie Watts", perpetró uno de esos sutiles arbitrajes en los que pitido a pitido va inclinando el campo contra una portería, en este caso la sportinguista.

Cierto es que al final no influyó decididamente en la derrota ni tampoco una polémica intervención del VAR. Bastó con que el Sporting dejara de creer, MAR realizase unos cambios inadecuados y se diese un paso atrás contemporizador o amarrategui (en términos coloquiales). Para obrar el milagro es suficiente con recurrir al manual de obviedades futbolísticas. A saber: intentar volver a ser el equipo fiable y equilibrado de la primera vuelta, convertir la defensa en un fortín inexpugnable, evitar que el centro del campo sea una mera zona de tránsito de los jugadores contrarios y, sobre todo, que las oportunidades de gol se conviertan en gol. Ah, y que juegue Josín-Hassan, que los vuelve locos...

El milagro es posible porque este Sporting ha alcanzado la promoción por méritos propios a base de lucha, entrega, pasión, coraje, ilusión y fe, y una afición que desde Asturias le llevará el aliento y el empuje de la Mareona. Además, hoy es jueves y toca milagro. Por si no fuera suficiente, también aceptamos la intervención de los dioses.

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