Opinión

Sepa por qué los gemelos D'Alessio, futbolistas de la Roma y el Milan, vinieron a animar al Sporting

Sepa por qué los gemelos D'Alessio, futbolistas de la Roma y el Milan, vinieron a animar al Sporting

Sepa por qué los gemelos D'Alessio, futbolistas de la Roma y el Milan, vinieron a animar al Sporting

Yo tenía la sensación, desde primera hora de la mañana, que iba a ser una noche especial. Hombre, no tan especial como la que le pedía Sergi Mas a su amado RCDEspanyol, que pretendía fuese épica (no será ésta, Sergi, no será ésta, igual la del domingo, 23, sí), pero sí intuía que podía ser una noche a tener en cuenta.

Vamos que en cuanto, al mediodía de ayer, me llamó mi amigo del alma Ricardo Rosety, de la tribu de periodistas radiofónicos del Sporting de Gijón (Juanma Castaño, Pedro Pablo Parrado, Antón Meana, Edu Pidal….y podría seguir), diciéndome si quería acompañarle al estadio perico (Stage Front Stadium ¡tiene narices el nombre!) porque, tal vez, necesitaría ayuda en caso de que le diese un infarto si su equipo goleaba al Espanyol (“que no será, Emilio, que no será, porque tenemos lo que tenemos”), no lo dudé ni un minuto. Y ‘pallá’ que me fui.

Llegar, una odisea

Lo primero que he de decir es que hay que ser muy, muy, futbolero para acudir a un estadio al que es dificilísimo acceder y, ya ni les cuento, aparcar. “Yo he dejado el coche en un sitio que, me juego una mano, cuando vuelva, no estará”, oí decir a un perico en la cola de la puerta 78 (¡menuda cola!, podrían abrir más puertas en un partido donde se esperaban 30.605 espectadores). Y así un montón de seguidores. “Yo, después de una hora de dar vueltas sin sentido, le he dicho a mi hija que me dejase en el campo y ella, que también venía a ver el partido, se ha tenido que llevar el coche a casa”, señalaba otro vecino.

El ambiente en el estadio blanquiazul fue estremecedor. La sonoridad de ese recinto es prodigiosa. Como diría Jesulin, en dos palabras, im-presionante. El partido fue considerado de “alto riesgo” y, no digo que se lo podían haber ahorrado, no, pero lo que sí puedo afirmar es que eso de prohibir que los hinchas visitantes vayan luciendo la camiseta de su equipo, es para hacérselo mirar. Fue todo de una concordia exquisita, a excepción, vale, sí, ¿y qué?, de los cinco chalados, de uno y otro lado, que dijeron cuatro animaladas y hasta se hicieron los chulos citándose no sé dónde. Bueno, eso, unos bocazas.

Los cánticos, el griterío, los aplausos, los sustos, fueron maravillosos. No hay nada como el fútbol. Nada. Los más de 2.000 asturianos (o seguidores del Sporting) pudieron, en muchos, muchos, momentos del partido con los 28.000 restantes pericos. Esa afición es de primera. Vale, las dos, pero lo del Sporting, en serio, es estremecedor. Vale, sí, que también lo son otras aficiones, pero los chicos de Enrique Castro ‘Quini’ fueron un ejemplo.

Gemelos y del Sporting

Es más, nada más pisar el córner, la esquina, donde teníamos las entradas y donde Rosety pasó una de las peores noches de su vida, aunque sabía a lo que se exponía, conocimos a los gemelos Francesco y Leonardo D’Alessio. En serio, un regalo para el periodista. Los D’Alessio, envueltos en una bufanda del Sporting, son dos futbolistas, de 20 años, de la Roma (Jose Mourinho hizo debutar a Francesco) y del Milan. Tal y como lo leen: dos chavalitos de la Roma y el Milan, enamorados del Sporting, que vinieron a Barcelona para animar a su equipo.

¿A su equipo? ¿Y por qué son del Sporting? Pues porque, hace un año, a Francesco, el centrocampista de la Roma, se le ocurrió seguir, en las redes sociales, a Miguel Ángel Ramírez, entrenador del Sporting. Y lo seguió tanto, que la prensa asturiana llegó a publicar que “el Sporting va a fichar a una estrella juvenil de la Roma”. “Y ni de la risa, simplemente nos intercambiábamos mensajes, porque yo me paso el día persiguiendo jóvenes valores, pero para saber, no para fichar”, me contó Ramírez, al acabar el partido de anoche.

El caso es que allí estaban los D’Alessio, que se quedaron afónicos, empujando a grito pelado a su Sporting. Pero no solo eso, nooooooo, que va, que va. En el otro lado del estadio, en la tribuna lujosa, estaba, ¡ojito al dato!, el catalán Paul McGrath, recientemente medalla de plata en los Europeos de atletismo de Roma, en la prueba de 20 kilómetros marcha. Repito: esto del Sporting engancha cantidad.

De empate en empate

El caso es que ahí estábamos todos, con bufandas, camisetas, gorras, cánticos, aplausos, pitos (pocos), presenciando un partido que más parecía una pelea por no descender, que una lucha por ascender. El Sporting, ya saben, hizo lo que pudo y más. Mucho más. Tuvo contra las cuerdas, bueno, al menos cerquita de la prórroga, al Espanyol, que juega a ratos, a golpes y que entró en la final con su 11º empate en 18 partidos dirigidos por Manolo González, que, todo hay que decirlo, aún no ha perdido desde que es el ‘mister’ blanquiazul. Es más, aunque el Oviedo tiene mejor pinta (de los cuatro finalistas, es quien mejor juega, desde luego), el Espanyol regresaría a Primera con dos empates.

Todo fue un lujo, de verdad. Yo pude acompañar, sano y salvo, a Ricardo a su casa, no sin antes dar dos vueltas al estadio perico para ver si veíamos y, sí, lo vimos, el autobús del Sporting, lo que significó que no nos fuimos a dormir hasta la madrugada, pues Rosety tuvo que abrazar a todos y cada uno de los jugadores asturianos. Emocionados todos, sí. Emocionante escena, también.

Todo eso ocurría mientras seguidores blanquiazules le juraban a sus nuevos amigos del Sporting que no se preocupasen que eliminarían al Oviedo y mientras, allá a lo lejos, se oía a 20 fans asturianos, cantar, a grito pelado, “¡puta Oviedo! ¡puta capital!" Ya me lo había dicho Rosety: “Vosotros no sabéis, ni intuís, ni sospecháis, ni os podéis imaginar lo que hubiese sido una final, por el ascenso, Sporting-Oviedo. Déjalo, déjalo, mejor así”.

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