Opinión

Los pilares del Oviedo

Aficionados en el Tartiere.

Aficionados en el Tartiere.

El Oviedo, a dos pasos de la gloria, ha cambiado de mentalidad y eso es lo más valioso que puede decirse de un equipo que esta tarde, en una ciudad que levita, va a disputar la final por un ascenso. Se ha desprendido de viejos vicios que le anclaban al suelo, que no le dejaban volar. El pasado reciente pesaba, a veces todavía sigue pesando, pero en vez de atar ahora es una palanca. El club tiene de un tiempo a esta parte gen ganador, hambre. Se ha olvidado de ser victimista, cobardón y conservador. ¿Recuerdan cuando hace poco no se podía decir la palabra ascenso en una sala de prensa? Increíble pensarlo ahora.

Seguramente la explicación estuviese en todo lo sucedido en los últimos años, tras tantas decepciones, caídas, llantos y golpazos. Se pasó a cierto conformismo. El club se aisló, se hizo sensible a la mínima crítica. Todo eran enemigos. La entidad se volvió antipática. Por eso el desembarco de Pachuca fue una bendición. Por eso, aunque falten mil cosas por hacer, ese cambio de mentalidad, de carácter, no se paga con dinero. Detrás de esa transformación hay varios protagonistas.

Luis Carrión. Probablemente es el principal responsable de dónde está el Oviedo, porque por mucho que se haga fuera, nada cuenta si la nave no funciona en el césped. Carrión fue el elegido en septiembre tras una búsqueda exprés en la que hubo más candidatos. Gloria eterna al que insistió en su fichaje... La virtud de Carrión es que aplica lo que dice. La valentía es real, no impostada. "Entiendo el fútbol como algo divertido y para ganar". Así está siendo. Su paso por el Oviedo, sobresaliente además de histórico (del descenso a la final por el play-off), sirve también para echar por la borda aquel mantra infame que no paró de escuchar el oviedismo reciente, que decía que para subir a Primera había que jugar a amarrar, que era el estilo apto para la categoría. Ja. Míster, quédate.

Jesús Martínez. El máximo accionista tiene ahora, por fin, un equipo a su imagen y semejanza: atrevido, ofensivo y ganador. Jesús Martínez, genio y figura, es otro de los pilares de este equipo porque el Oviedo y llevarlo a Primera es su verdadera obsesión desde el otro lado del charco. En Pachuca sufre y disfruta con el equipo, como saben bien quienes tratan a diario con él. Martínez es un rara avis de esta industria. Es un dueño intervencionista que a la vez deja trabajar. Es un dueño protagonista sin querer serlo, porque su propio liderazgo le lleva a ello. Huye de los focos, aunque sea inevitable que le apunten y tiene alergia al triunfalismo. Cada semana, después de alguna victoria, avisa a quien ya se quiere subir a la parra. "Todavía no hemos hecho nada, falta lo más difícil". Y es verdad, faltan dos partidos para el éxtasis, todavía no se ha hecho nada, pero realmente "Chucho" ya ha hecho mucho.

Martín Peláez. El presidente es el jefe de la nave desde la ciudad y el hombre de confianza de Martínez. Su principal virtud ha sido la cintura para apagar incendios que antes se trataban con gasolina. "Para subir a Primera tenemos que trabajar como si ya estuviésemos en Primera", suele repetir. Dirigir al Oviedo ha sido el reto más difícil que le puso Jesús Martínez. Se lo propuso hace casi dos años en el palco del Pachuca y esta tarde, juntos en el Tartiere, verán al Oviedo disputar una final por el ascenso. Cómo cambia la vida.

Peláez ha encajado como anillo al dedo en la ciudad por su cercanía. Tiene una cualidad que se atesora o no: cae bien. Ha hecho a un club cercano que antes era lejano y sabe cuál es su sitio. Si el Oviedo sube, será el presidente que volvió a llevar al club a Primera. Si se queda en Segunda, seguirá intentándolo y eso es lo mejor que se puede decir porque delata la situación de estabilidad que tanto necesitaba el Oviedo.

Agustín Lleida y Roberto Suárez. Son los dos principales responsables deportivos del Oviedo y confeccionan la plantilla, aunque Jesús Martínez tenga siempre la última palabra. Suárez es un hombre de club con experiencia en la entidad, con alergia al foco y profesional. Tiene ojo: ahí están Leo Román y Moyano. A menudo recibe críticas irracionales, fruto de revanchismos del pasado. Suárez está en el terreno, viendo este y aquel partido, y ha contribuido a hacer una plantilla ganadora y equilibrada. Lleida es el director general, está por encima de Suárez y su labor es más estratégica, reportando a Peláez y a Martínez. Ambos han hecho (hacen) un buen equipo y seguirán. En apenas dos semanas sabremos si lo harán en Primera o en Segunda.

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