Opinión

Bendito Alemão: el delirio colectivo que provocó el gol del brasileño

El brasileño es un portento, una bestia física, un abrelatas

Alexandre Alemão. Delantero del Real Oviedo

Alexandre Alemão. Delantero del Real Oviedo / LNE

Salió Bretones, le hicieron una falta, Seoane centró, cantó el portero y Alemão, bendito Alemão, metió el gol que pone muy cerca el ascenso del Oviedo. Sí, el ascenso del Oviedo. Escribirlo da vértigo. En realidad, no fue un gol, fue un delirio colectivo. El grito de toda una ciudad. Oviedo vibra. Y tenía que ser él. La bestia parda de Alemão, que se marcó un partido de época: lleva seis goles en lo que va de temporada y dos de ellos los ha metido en el play-off. Un abrelatas, un portento físico, un titán que además es decisivo. Nadie en Oviedo conocía su nombre en julio, cuando Jesús Martínez le reclutó, y está a punto de entrar por la puerta grande en la historia del Oviedo. Jugar con Alemão es jugar con un salvavidas en plena borrasca.

El comodín del primo de Zumosol. El amigo que te saca de una pelea a la salida del colegio. Un abusón. Alemão se merece todos los focos porque qué difícil es adaptarse a esta categoría pesada viniendo de fuera y cómo está demostrando este brasileño que es un ariete de Primera. El acierto de Alemão, el empuje colectivo, un ejercicio defensivo de sobresaliente y, ojo, el gran partido que se marcó Seoane, dejan al Oviedo a un paso de la locura que para toda Asturias y para la capital sería tener al Oviedo de vuelta en Primera.

Un subidón. No está hecho, todavía no. Para nada. Ni con ese 2-0 con el que lloraban muchos en la grada Lángara estaba hecho. El trabajo entre bambalinas de esta semana será fundamental. Cazorla puede aportar mucho ahí. Toca seguir remando, pero una cosa está clara: el Oviedo es más equipo que el Espanyol sin la necesidad de tener sus individualidades, que ayer naufragaron.

Y lo es con los pies, y también con la cabeza, porque en el campo se vio a un equipo con hambre de Primera y a otro contemplativo que tiene más bien pinta de Segunda. El "Volveremos" de Melendi y el himno de Asturias marcaron el camino en un estadio que de un tiempo a esta parte ya es acogedor. Que tiene esencia y que es una caldera. La pesadilla que empezó en 2001 está muy cerca de acabar. Todos tranquilos, pero hay argumentos de sobra para confiar.

El oviedismo se lo merece, se lo lleva mereciendo mucho tiempo, y nunca estuvo tan cerca como ahora. Cabeza fría, Oviedo, cabeza fría ahora que queda lo más difícil, pero también lo último. Un empujón, un último grito, y el Oviedo volverá a ser de Primera.

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