Opinión

Siempre un gol más

No tiene buena suerte el Oviedo con las decisiones arbitrales, tanto si aciertan como si fallan los árbitros. Ahora, está obligado a poner rumbo a la historia pensando que el próximo domingo en Cornellà le pueden anular un cuarto gol y hasta un quinto. De momento van tres –acerca de uno de ellos todavía no hemos dejado de preguntarnos el motivo– que no subieron al marcador en los últimos dos encuentros contra el Espanyol mágico, que no parece un equipo que desprenda tanta magia, con unos jugadores muy exigidos por la afición a los que también les tiemblan las piernas en los momentos cruciales. Ayer, su portero, Joan García, uno de los mejores de la categoría, tembló al intentar blocar un balón y como consecuencia de ello Alemão lo empujó a la red. El fútbol es un juego en el que los detalles deciden. El segundo, de Masca, trajo el delirio a las gradas del Tartiere, pero se quedó simplemente en los labios de una afición entregada, en un momento en que el juego del Oviedo fluía y cuando muchos empezaban a pensar que incluso llegaría un tercero. Una lástima, ojalá no tengamos que acordarnos de aquella oportunidad perdida.

Esta clase de eliminatorias tan igualadas las suelen resolver a su favor los mejor preparados mentalmente. La cabeza guía las piernas de los futbolistas; el control de las emociones en el terreno de juego resulta fundamental, más allá de las pizarras de los técnicos. Los pericos no se van a sustraer de ese último imperativo que por costumbre parece señalarles el camino de vuelta inmediato a la categoría perdida. Pero el sueño carbayón es superior: se trata de tocar la gloria después de una larga travesía del desierto, con una afición y una ciudad cada vez más unidas a un equipo que les permite mantener viva la ilusión del ascenso. Cabeza, por tanto, además de orgullo, valor y garra, y tener en cuenta que marcar un segundo gol ayuda por si a alguien se le ocurre anular el primero. ¡Hala Oviedo!

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