Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión

Defender lo propio cuando lo ajeno no responde

La decisión del Real Oviedo de no enviar entradas al Rayo Vallecano para su visita al estadio del Tartiere es correcta y oportuna. Ante la falta de garantías claras de que los aficionados oviedistas tendrían localidades en el partido de vuelta en Vallecas –o al menos de que se respetase un acuerdo mínimo de "grada visitante" – el club asturiano ha optado por defender primero lo suyo.

En su comunicado, el Real Oviedo deja claro que "siempre ha defendido y promovido la presencia de seguidores visitantes" pero que, "en esta ocasión resulta necesario priorizar que la afición azul disponga de las mismas facilidades que el resto de clubes ofrece a sus seguidores en sus desplazamientos". La causa: el Rayo Vallecano no ha podido garantizar que los seguidores del Oviedo cuenten con localidades en la segunda vuelta en su estadio, al parecer por obras o por la falta de zona visitante habilitada.

Por tanto, el Oviedo no está "castigando" por capricho, está actuando con coherencia, defendiendo el derecho de su afición a viajar con garantías, en igualdad de condiciones, no en inferioridad.

En un momento en que el fútbol está tensionado –económicamente, institucionalmente y emocionalmente–, la idea de que todo vale entre clubes es un camino peligroso. Si un club local monta su graderío de visitantes con condiciones muy inferiores, sin separación adecuada, sin cupo garantizado, o sin reciprocidad, está quebrando un principio básico de hospitalidad deportiva.

El Real Oviedo ha detectado que lo que debería ser una obligación mínima –que cuando tú vayas a mi campo yo pueda ir al tuyo en condiciones similares– no lo es en este caso, y ha decidido actuar. Esa acción no solo es legítima, sino que envía un mensaje: no hay normalidad en la desigualdad.

El fútbol se alimenta de afición, de viajes, de color, de la presencia del visitante que anima, que llena gradas, que genera ambiente. Pero para que eso funcione, debe existir un marco razonable de reglas. Cuando un club incumple o no puede garantizar las condiciones del desplazamiento, el equilibrio se rompe. Entonces es el otro club el que queda expuesto: enviaría sus aficionados sin garantías, poniéndolos en riesgo o relegándolos.

Al no enviar entradas, el Oviedo pone su afición por delante. Y, aunque pueda generarse debate, lo hace porque cree que la protección colectiva de los suyos es prioritaria cuando no hay reciprocidad.

¿Puede discutirse? Sí. ¿Es defendible? Sí.

La Aparo ha mostrado su disconformidad con la medida. Pero eso no quita que, como postura de club, sea razonable y justa. El club está cumpliendo su función principal: velar por su gente.

Y el Rayo Vallecano, al no adherirse a lo que tendría que considerarse un mínimo convenio de "grada visitante" u ofrecer garantías plenas, queda en una posición débil: o asegura de una vez que los visitantes tengan sus derechos, o seguirá encontrando clubes que digan "hasta aquí".

Tracking Pixel Contents