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Pelayo botas garcía-barrero

Todo muy bonito, salvo el fútbol

Sobre la histórica visita del Oviedo al Metropolitano

Viajamos tres mil almas azules a la capital de España; por donde pasearas veías camisetas azules y gente con ganas de hacer algo reseñable frente a un equipo que había jugado tres días antes contra el subcampeón de Champions y jugaba tres días después contra el campeón de Liga, que se suponía por ello iba a presentar una alineación compuesta por los menos habituales y podría ser un buen inicio para el resurgir azul. Nada más lejos de la realidad.

Debió ser por lo lujoso o la inmensidad del estadio, o por los bonitos homenajes en los prolegómenos al ídolo común, Luis Aragonés; por los más de 700 partidos de Koke; por el sexto Zamora de Oblak; porque no considerábamos que fuera con nosotros nada; por algo fue, pero el Oviedo se presentó al partido como quien entra en una fiesta donde no estaba invitado y donde no quiere molestar ni hacer ruido y marchar lo antes posible. Y así fue, un equipo triste, con posesiones estériles y sin ningún objetivo con el balón, que cuando lo perdía era incapaz de parar una transición rojiblanca. El dato de solo cuatro faltas cometidas en la primera parte dice bastante de la trascendencia que le dio el Oviedo al partido: ninguna. Daba la impresión de que si el Atleti necesitara un resultado abultado para pasar de ronda o algo así, lo hubiera conseguido sin la mayor dificultad. En 30 minutos, partido liquidado en dos acciones parecidas, donde Sorloth parecía un gigante alado de nuestros blandos defensas, incapaces de molestarle lo más mínimo en ninguna acción; en boxeo no nos dejarían competir unos contra otros. Tampoco el planteamiento del míster sobre el campo parecía el más adecuado, ni muchísimo menos, para sacar algo productivo del Metropolitano. Santi tenía que abarcar demasiado campo y, sin balón, sufría lo indecible; con balón, como siempre, fue el único que le dio cordura al asunto, pero sin gente con movilidad alrededor es imposible. Nuestro mejor jugador, o el más en forma sin duda en estos momentos, Fede Viñas, que trabaja, es de los pocos que roba, que gana disputas, lo tenemos pegado a la banda, el sábado a la izquierda; lo hacemos trabajar lo indecible con el lateral contrario, y cuando recibe pegado a la línea de cal le pedimos que sea Ronaldinho. En cambio, cuando el balón está en el sector contrario, que entre a rematar y encima que esté lúcido y la meta… Personalmente, como humilde delantero en mis años jóvenes, posiblemente si me hacen algo así hubiera dejado el fútbol años antes. Entiendo que es un profesional, pero creo que no es productivo para nadie. Es posiblemente lo que menos entiendo del planteamiento desde que llegó el nuevo míster, que el sábado consiguió tener el peor inicio de un entrenador en la categoría: catorce partidos sin conocer la victoria.

Y ahora toca recomponer a este lánguido equipo, conseguir rearmarse para el trascendental partido del viernes contra el Mallorca, donde seguro que no fallarán los mismos, los de la grada, y donde no queda otra que animar para darle la vuelta a esto.

¡¡Hala Oviedo!! n

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