Opinión
Autoexpolios, clubes cerúleos y un portero que no pidió perdón
1. Románico en Arabia.
Según Iñaki Williams, jugar la Supercopa de España en Arabia es "una mierda". Iñaki se disculpó por "hablar mal", pero decir lo que dijo no es exactamente hablar mal, sino hablar para que entendamos rápido lo que el futbolista del Athletic Club opina del actual formato de la Supercopa. Podríamos decir que jugar la Supercopa de España (España) en Arabia (Arabia) es una contradicción en los términos, una incongruencia geográfico-política, un insulto a la lógica aristotélica. También se podría decir que jugar la Supercopa de España en Arabia es un autoexpolio deportivo similar al autoexpolio artístico en el que el patrimonio cultural de un país es vendido al mejor postor. Desde luego, vender la Supercopa de España a Arabia no es lo mismo que vender un claustro románico a un ricachón estadounidense, pero se parece tanto como el sombrero Trilby de Leonard Cohen al Bombín de Sabina. Contradicción en los términos, incongruencia, insulto a la lógica, autoexpolio… Un escándalo rentable. Un absurdo ontológico. Una de esas cosas sin sentido, como rodar la segunda parte de "Casablanca" o estar nervioso la noche en que se falla el premio Planeta. Dentro de muy poco tiempo, las reflexiones de Iñaki Williams solo serán una curiosidad futbolística tan pasada de moda como la teoría del color de Goethe o los escritos medievales de alquimia. El claustro del monasterio de Santa María de Sacramenia, en Segovia, fue vendido a William Randolph Hearts y hoy está en Miami, convertido en decorado de bodas y banquetes. La Supercopa de España es también un bonito decorado.
2. Osasuna y Athletic Club.
El partido Osasuna-Athletic Club no es lo mismo que el partido entre el Osasuna y el Bilbao. Está admitido referirse al equipo del estupendo Rubén García como "el Osasuna", y no pasa nada por decir que Nico Williams juega en "el Bilbao", pero la tradición futbolística pide, suplica, aconseja, ruega, solicita que hablemos de "Osasuna" y de "Athletic Club". Por eso rechina que comentaristas y aficionados no respeten la tradición, y por eso "el Osasuna" y "el Bilbao" suenan en los oídos de los aficionados como si fuera la guitarra de Agnus Young en el concierto de año nuevo de la Filarmónica de Viena. Supongo que los menos futboleros pondrán cara de estar oliendo un huevo podrido. Lo entiendo. ¿Recuerdan la película "El diablo viste de Prada"? Cuando la insoportable Miranda Priestly observa en su secretaria un gesto de desdén hacia el mundo de la moda, la redactora jefe de la revista "Runway" contraataca diseccionando los motivos por los que la joven Andrea se ha puesto precisamente ese jersey azul deforme ("intentas demostrarle al mundo que te tomas demasiado en serio como para preocuparte de lo que te pones") y apostilla que ese jersey en realidad no es azul, ni turquesa, ni marino, sino cerúleo. Entiendo el gesto condescendiente de los que sonríen cuando se les pide que no digan "el Bilbao", sino "Athletic Club", y aunque no quiero que me comparen con Miranda Priestly, la realidad es que hay jerséis azules que no son azules, ni turquesas, ni marinos, sino cerúleos. Es así. Osasuna y Athletic Club son de color cerúleo.
3. Más allá de los juicios analíticos.
Por culpa del parón navideño, hemos tenido más tiempo del necesario para hablar del recibimiento que le esperaba a Joan Garcia, portero del Barça y ex del Espanyol, en el RCDE Stadium. Vale, la afición del Espanyol pitó a Joan Garcia. Mucho. Todo el tiempo. Creo que unos investigadores noruegos han descubierto también que el triángulo es un polígono de tres lados, que los solteros son no casados y que el todo es mayor que sus partes. Lo interesante del partido Espanyol-Barça no estaba en comprobar si un juicio analítico (universalmente verdadero, necesario y que no aporta información nueva) como "los futbolistas son pitados por sus antiguas aficiones cuando su marcha es percibida como una traición" se cumplía, sino en observar si Joan Garcia dirigía un gesto de disculpa hacia su antigua afición después de su parada imposible al cabezazo de Pere Milla. Muchos futbolistas piden perdón a la grada cuando marcan un gol a su exequipo. ¿Por qué un portero no puede pedir perdón cuando evita un gol? Joan Garcia no lo hizo, pero en un mundo, el del fútbol moderno, en el que los defensas celebran una buena acción defensiva como si hubieran marcado un gol y los delanteros celebran sus goles con unos gestos y mensajes tan difíciles de interpretar como un silencio del Kremlin, no nos sorprendería que los porteros pidieran perdón por parar. Al tiempo.
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