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Cinco mil almas y dos sombras

Un momento del partido, en el Palacio de los Deportes

Un momento del partido, en el Palacio de los Deportes / Mario Canteli / LNE

Ayer, cinco mil personas volvieron a llenar el Palacio para apoyar al Alimerka Oviedo Baloncesto. Un equipo humilde, armado con recursos limitados y ambición infinita que, contra la lógica, cierra la primera vuelta en posición de play-off.

El OCB está entre los clubes con menos presupuesto de una competición donde es el veterano. La victoria ante el Fibwi Mallorca dejó, sin embargo, dos sombras inquietantes. La primera, la lesión de Calvin Hermanson, ese alero que está siendo un jugador clave esta temporada –ojalá la recuperación sea pronta–. Lo necesitamos.

La segunda, más amarga, fue contemplar en la camiseta rival los logos de empresas vinculadas a Asturias. Empresas que nos negaron el apoyo invocando políticas de patrocinio que, por lo visto, solo aplican en el Principado. Y eso duele. Ya lo vivimos antes con el desplante de Unicaja.

El Alimerka OCB es un milagro civil. Lo sostienen decenas de empresas y pymes asturianas que aportan desde la generosidad de sus posibilidades. También es imprescindible el apoyo municipal y autonómico, que, aún así, es menor al que reciben los equipos como el nuestro.

Y la clave es una afición que entendió desde el fortín de Pumarín que el baloncesto es termómetro de vitalidad colectiva. Pero cuando los que más pueden prefieren vestir camisetas ajenas, algo se quiebra en el relato de la comunidad.

Por respeto a quienes sí creen, a quienes sí arriesgan, es justo que se sepa: hay quienes construyen desde dentro y quienes, pudiendo, eligen ser paisaje en el horizonte de otros.

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