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Pelayo Botas garcía-barrero

Perdemos dos puntos, ganamos sensaciones

Sobre el empate del Oviedo en Mendizorroza

El Real Oviedo regresó de Vitoria con un empate (1-1) que deja sensaciones encontradas. Por un lado, la evidencia de que el equipo empieza a parecerse a lo que quiere su nuevo entrenador. Por otro, la amarga impresión de haber dejado escapar una victoria que estuvo al alcance de la mano durante muchos minutos. El fútbol, una vez más, castigó la falta de acierto y los errores puntuales en momentos clave.

El partido comenzó con un Oviedo valiente, junto, reconocible y con una clara intención de mandar. En la primera parte, el conjunto azul dispuso de hasta cuatro ocasiones claras de gol. Costas, Viñas, Reina y Chaira fueron los artífices de las mismas. Ocasiones que difícilmente se entiende que no acabaran con el 0-1 en el marcador. No fueron llegadas aisladas ni producto del azar, sino acciones bien construidas, con ritmo, profundidad y presencia en área. El equipo encontraba espacios, pisaba campo rival con continuidad y transmitía una sensación de control que hacía presagiar algo grande. Sin embargo, el marcador seguía sin moverse, y esa falta de eficacia empezaba a convertirse en una amenaza silenciosa.

Tras el descanso, el guion no cambió en exceso. El Oviedo mantuvo su estructura, siguió llegando y en otra clara elaboración por parte izquierda, esta vez sí, Viñas emboco portería. Además, generó otras dos ocasiones claras que pudieron sentenciar el encuentro, una de ellas clarísima después de robar el mismo el balón al último hombre con todo el tiempo del mundo para él. ¡Qué pena! Pero el balón volvió a negarse a entrar. En una categoría tan igualada, perdonar tanto suele tener consecuencias, y el partido fue girando poco a poco hacia un escenario más incierto. El punto de inflexión llegó con la expulsión de Fede, una decisión rigurosa que dejó al Oviedo con diez jugadores y que supuso la tercera expulsión del delantero esta temporada. Una acción discutible, interpretada con excesivo celo, que condicionó por completo el tramo final del encuentro. Más allá de la polémica arbitral, es un problema que el equipo tendrá que gestionar mejor, porque jugar tantas veces en inferioridad numérica termina pasando factura.

Poco después, llegó el empate del Alavés, nacido de una falta innecesaria de Sibo, evitable, de esas que no pueden cometerse en zonas comprometidas. El balón parado volvió a penalizar al Oviedo, que vio cómo todo el trabajo anterior se diluía en una acción puntual en un golazo de Lucas Boyé frente al que nada pudo hacer Aarón. A partir de ahí tocó resistir y asegurar al menos un punto que, por sensaciones, supo a poco.

Aun así, sería injusto quedarse solo con lo negativo. El Oviedo de Almada empieza a mostrar señales claras de mejora: un bloque más compacto, líneas más juntas, mejor ocupación de espacios y, sobre todo, una mayor capacidad para llegar al área rival con peligro. El equipo transmite orden, convicción y una idea reconocible, algo que no siempre se había visto en semanas anteriores.

Ahora toca insistir. Corregir errores, afinar la puntería (o ficharla) y mantener este camino. La ansiada victoria llegará si el equipo sigue creciendo desde estas bases. Esperemos el próximo sábado a las 14:00 en el Carlos Tartiere. Porque cuando las sensaciones son buenas y el juego acompaña, el triunfo suele ser cuestión de tiempo.

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