Opinión
El Coliseo, el Partenón y Xabi Alonso devorado por un monstruo
1. Me aplastó ver al gigante.
En la película "Gladiator", cuando Máximo (que nunca había estado en la capital del Imperio) y sus compañeros gladiadores llegan a Roma y se encuentran ante el Coliseo, ponen unas caras de asombro semejantes a las de los jugadores de fútbol de equipos modestos que llegan a jugar en el Bernabéu por primera vez. Andrés Calamaro dice algo muy parecido en su canción "Estadio Azteca": "Cuando era niño, y conocí el estadio Azteca, me quedé duro, me aplastó ver al gigante". Exacto. Eso es lo que sienten Máximo y los demás gladiadores. Así se quedaron al ver el Coliseo: duros y aplastados por el gigante. Por eso Juba, el gladiador negro amigo de Máximo, dice cuando llega al Coliseo: "No sabía que el hombre pudiera hacer algo así"; y el lanista Próximo, que sabe lo que es luchar en el Coliseo (y ganar la espada de madera con la inscripción "De la arena a la libertad"), dice a Máximo: "Tendrías que ver el Coliseo, hispano, 50.000 romanos mirando el movimiento de tu espada". Próximo está hablando de la competición, de la emoción de ser la estrella del espectáculo.
2. Freud divisa al monstruo del lago Ness.
Mary Beard habla en su ensayo sobre el Partenón, en la Acrópolis de Atenas, citando la primera visita que, en 1904, hizo Sigmund Freud al templo consagrado a Atenea. Freud se sorprendió al descubrir que el Partenón sí existía en realidad, y que además existía "igual que lo aprendimos en el colegio". La impresión fue como si, paseando por los alrededores del lago Ness, de repente hubiera divisado el legendario monstruo en la orilla del lago: el monstruo existía de verdad, no era un mito. El Partenón existe. Existe de verdad. No es un mito. Los profesores no engañaron a Freud cuando le hablaron en el colegio de aquel templo perfecto, sublime, de belleza sobrecogedora y pasado inigualable. Pero Freud no estaba preparado para su encuentro con el Partenón, como tampoco lo habría estado para divisar al monstruo del lago Ness, a Bigfoot o al Yeti. La arqueología y la historia están muy alejadas de la criptozoología, pero si hablamos de fútbol el Partenón no está tan lejos del monstruo del lago Ness.
3. Tendrías que ver el Bernabéu, tolosarra.
Xabi Alonso se va del Real Madrid, o le echan, o ha llegado a un acuerdo para romper su contrato, o lo que sea. La carrera futbolística de Xabi impresiona: Real Sociedad, Liverpool, Real Madrid, Bayern de Múnich. Como entrenador, Xabi partió de la Real Sociedad B y dio el salto al Bayer Leverkusen, el equipo con el que ganó la Bundesliga. Una hazaña. Y, de ahí, al banquillo del Real Madrid. Es decir, al Coliseo. A encontrarse cara a cara con el Partenón. A divisar el monstruo del lago Florentino Pérez. Ni Máximo ni Juba habían estado nunca en Roma, así que podemos entender que les aplastara el gigante del Coliseo. Pero Xabi sí había estado en el Real Madrid, y conocía perfectamente cómo funciona el Santiago Bernabéu. Lo conocía como futbolista, no como entrenador. El Bernabéu es capaz de aplastar al mejor y más templado de los entrenadores. Un silencio del Bernabéu es como el bramido de un gigante. "Tendrías que ver el Bernabéu, tolosarra, ochenta y tres mil espectadores mirando tus alineaciones y tus gestos, sospechando de tus indicaciones a Vinícius Jr., torciendo el gesto si Mbappé tuerce el gesto". Uf.
Xabi sabía lo que se iba a encontrar cuando se sentara en el banquillo del Bernabéu, pero tuvo que sorprenderse cuando lo hizo por primera vez porque, como Freud cuando vio el Partenón en 1904, descubrió que existía. El estadio Santiago Bernabéu, como cantaba Francis Cabrel en "La quiero a morir", construye mitos con un soplo, borra las horas de cada reloj y cose unas alas que ayudan a subir. Y también todo lo contrario. De repente, el monstruo del lago Ness está ahí, justo ahí. No es un mito. Esa zona técnica por la que Xabi pasaba de largo cuando era futbolista del Real Madrid es de carne y hueso. El Santiago Bernabéu puede aplastar hasta gladiadores tan curtidos como Xabi Alonso. El encuentro con el banquillo del Real Madrid puede sorprender incluso a entrenadores del estilo de Xabi Alonso tanto como sorprendió a Freud su encuentro con el Partenón. Y el monstruo del lago Ness no es un mito porque Florentino Pérez puede devorar a un entrenador como Xabi Alonso sin inmutarse y de un solo bocado. ¿Arbeloa sabrá enfrentarse al Coliseo, al Partenón y al monstruo del lago Ness? n
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