Opinión
Del cine a la mesa: por qué el tenis de mesa merece más que un estreno hollywoodiense
Hoy es un gran día para Oviedo. Este viernes 30 de enero se estrena la película "Marty Supreme", protagonizada por Timothée Chalamet, en una historia inspirada en el tenis de mesa, ese ping-pong que muchos hemos jugado por diversión sin sospechar la enorme riqueza que guarda. A veces, un deporte queda relegado a la memoria de los recuerdos de juventud, pero no para los federados de un club local como el Club Oviedo Tenis de Mesa, que hoy acudirán a la sesión con sus equipaciones y su entusiasmo a cuestas, dando visibilidad a una disciplina que pocos conocen en profundidad.
Si algo muestra Marty Supreme es que el tenis de mesa es mucho más que un juego de salón y de entretenimiento. La película, inspirada libremente en la figura de Marty Mauser –una versión cinematográfica del legendario jugador estadounidense Marty Reisman–, gira en torno a un personaje obsesionado con llevar al ping-pong a la cima, con todas sus pasiones, excesos y caos vital incluidos. El argumento mezcla ambición, oportunidades perdidas y grandes reflejos en cada golpe, algo que revela una verdad casi olvidada: el tenis de mesa es un deporte con alma.
Lo sorprendente –y lo que debería hacernos reflexionar– es que esta disciplina permite iniciarse en el deporte a una niña de cinco años, disfrutarla a los 30 y seguir compitiendo con soltura hasta los 90. No pregunta por edad, altura, peso ni condición física máxima, sino por ganas de aprender y de moverse. En muchas otras actividades deportivas se pone a quien empieza en una categoría distinta, se le exige una preparación física determinada o simplemente se le deja en la grada. Aquí no: en una mesa, con dos palas y una pelota, un chaval, un profesional adulto y un veterano pueden intercambiar golpes sin complejos. Y eso no es algo menor: es un mensaje de igualdad.
Incluso en el alto rendimiento, el tenis de mesa ha demostrado que la mente a veces pesa más que el músculo. La rapidez de reflejos, el cálculo de ángulos y la anticipación son habilidades tan relevantes como la fuerza. Y hay otro punto del que pocos deportes pueden presumir: una persona en silla de ruedas no sólo puede jugar, sino también competir y ganar en torneos abiertos, sin necesidad de categorías exclusivas para personas con discapacidad. En las mesas no se ve la discapacidad como un límite, sino como otra forma de estar presente en el juego.
Por eso, lo que Marty Supreme trae a nuestras pantallas -más allá de la interpretación de Chalamet o de su posible Oscar- es una oportunidad para repensar lo que consideramos "deporte serio". No todo tiene que ser fútbol, baloncesto o atletismo. El tenis de mesa nos invita a recuperar un enfoque más amplio: menores, adultos, mayores, con y sin diversidad funcional, pueden compartir pasión, sudor y risas alrededor de una misma mesa.
Así que, cuando hoy veas pasar a los jugadores del Club Oviedo Tenis de Mesa con sus camisetas por las calles rumbo al cine, no pienses que van a ver una película "sólo por diversión". Van –y deberíamos ir muchos más– a celebrar que un deporte accesible, lleno de técnica, historia y emoción se ponga por fin bajo los focos. No sólo porque es bueno para nuestros clubes o nuestras salas, sino porque el deporte también debería ser un espacio de encuentro y no sólo de exigencia física bruta.
Ojalá que mañana, después de las palomitas y los créditos, los ovetenses salgamos con algo más que el título de un estreno: con ganas de levantar una paleta, poner una pelota en juego y descubrir que el tenis de mesa es mucho más de lo que pensábamos.
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