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Opinión

Los odiosos ocho, columnas como bloques de hielo y el aburrimiento como motivación

1. Equipos top.

Lo peor de la emocionantísima última jornada de la fase de liga de la Liga de Campeones fue el uso y superabuso de la espantosa expresión "top". El dichoso "top 8" se coló en todas las narraciones de los partidos, en todos los comentarios, en todas las noticias, en todos lo goles, en todos los cambios en la clasificación y en todo el llanto y crujir de dientes alrededor de la no clasificación del Real Madrid entre los ocho mejores de la Liga de Campeones. Cuando Alejandro Magno estaba agonizando, sus oficiales le preguntaron a quién dejaba su reino, y Alejandro respondió "al más fuerte". ¿O tendremos que empezar a decir que Alejandro dejó su reino al "top 1" de sus macedonios? En la película "Lawrence Arabia", Lawrence se propone liderar a las tribus árabes hacia Damasco y dice al general Allenby que "los mejores no vendrán por dinero, vendrán por mí". ¿O quizás Lawrence quería decir que los "más top" de los árabes no irán a Damasco por dinero, sino por él? ¿Acaso "Los mejores años de nuestra vida", la estupenda película de Wylliam Wyler que retrata la integración de los veteranos tras la II Guerra Mundial, tendría que titularse "Los años top de nuestra vida"? Equipos top, futbolistas top, entrenadores top. Después de tanto "top", los "top 8" de la Liga de Campeones se convierten en "los odiosos ocho", como en la película de Tarantino.

2. Dioses de templos en ruinas.

El Real Madrid no está entre los odiosos ocho primeros clasificados de la Liga de Campeones, pero la imagen del equipo de Arbeloa defendiendo con nueve futbolistas (o menos) el último ataque del Benfica de Mourinho sin poder impedir que el portero rival, que unos segundos antes estaba intentando perder tiempo, marcara el cuarto gol fue hermosamente ruinosa. La escritora estadounidense Susan Sontag decía que el paisaje de la desolación sigue siendo un paisaje, y que hay belleza en las ruinas. Ese paisaje desolado de un Real Madrid sin norte, ruinoso, sin alma, corazón y vida es, de alguna manera, tan bello como los frescos dañados de las villas de Pompeya y Herculano y tan poético como las ruinas de los viejos templos vacíos de dioses. La contemplación de las ruinas no es un pasatiempo desalmado, como sostenía Henry James, sino algo inevitable tanto en el fútbol como en Pompeya. Con una diferencia. No se puede reconstruir Pompeya y los viejos templos caídos jamás recuperarán su esplendor, pero el Real Madrid de esa máquina de hacer goles que es Mbappé puede ganar la Liga de Campeones porque el Madrid pasa de la nostalgia y de la poesía en la derrota a la demoledora victoria en el último minuto con la misma facilidad con la que Lope de Vega se sacaba de la manga una obra de teatro. Los dioses del Real Madrid sobreviven aunque las columnas de sus templos se desparramen por el suelo como si un camión cargado con bloques de hielo hubiera esparcido su contenido por Albacete y Lisboa. Apuesto a que ningún equipo "top" quiere cruzarse con el Real Madrid, y no quiere ver a los dioses blancos ni en pintura al fresco.

3. El precio de Cazorla.

¿En qué se parece la primera parte del partido Elche-Barça a la primera parte del partido Real Oviedo-Girona? Respuesta rápida: en nada. Apostilla urgente: ¿y qué? Podemos criticar al Real Oviedo por sacrificar la belleza del fútbol a los puntos, pero también podemos hablar de la belleza de los puntos. El Elche Club de Fútbol perdió siendo fiel a sí mismo y el Real Oviedo ganó sin traicionarse a sí mismo. Seguro que los aficionados "neutrales" disfrutaron con la loca primera parte del partido Elche-Barça, y es posible que esos mismos aficionados "neutrales" se aburrieran con la plana primera parte del partido Oviedo-Girona. Bueno. Carlo Ancelotti decía que su trabajo como entrenador no es motivar a los talentos, sino no desmotivarlos. Quizás el trabajo de un equipo de fútbol no sea motivar a los aficionados, sino no desmotivarlos. Puede ser. Ni Barça ni Elche desmotivaron a los espectadores con su vertiginoso fútbol al ataque, pero no creo que la primera parte del partido Oviedo-Girona fuera desmotivante porque, precisamente por ser aburrida, garantizaba que en la segunda parte saldría Cazorla. Las entradas para ver jugar al Barça son más caras, pero ver jugar a Cazorla no tiene precio. Y eso lo saben hasta los aficionados neutrales.

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