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El Real Oviedo debe creer en sí mismo

El conjunto carbayón se tomó un respiro con una victoria balsámica frente al Girona. Era urgente un resultado positivo para mantener la esperanza de salir de ese pozo que supone el farolillo rojo y sentir el impulso de que, con orgullo, valor y garra, junto a una estrategia deportiva en toda regla, se puede lograr lo imposible. El Real Oviedo vive cada partido en una incertidumbre que afecta al sentimiento de una afición entregada y que comienza a preocuparse por los resultados negativos acumulados hasta ahora.

Todavía queda mucho curso liguero y hay tiempo para enderezar un rumbo que se presenta complejo, pero viable para alcanzar el objetivo de mantener la categoría. Se observa que los jugadores ponen mucho empeño en su juego e intentan doblegar al rival con pases certeros en ocasiones, aunque también abusan del malabarismo excesivo, con errores clarividentes de patio de colegio.

La figura de Santi Cazorla, con su media hora de juego, confirma que es un talismán y que posee magia a raudales gracias a su técnica y calidad deportiva. Sin miedo a exagerar, él solo vale por toda la plantilla, al menos en lo que se refiere a su interpretación del juego y visión sobre el campo. El entrenador debe saberlo y actuar con sentido común. Ayer se lo comentaba al maestro pastelero y exdirectivo oviedista Ataúlfo Valdés Costales, que estaba muy dichoso por la última victoria azul y que, aun siendo muy negativo con la marcha del conjunto capitalino, se movía ahora con una mentalidad positiva y ya piensa en lograr buenos resultados para alcanzar el propósito de directiva y afición. ¡Se puede!

En los encuentros del Tartiere, junto a los compañeros de asiento Parajón, Ángel el mexicano y, muy cerca, mi colega Ardura, de LA NUEVA ESPAÑA, se viven a fondo las evoluciones del equipo, con críticas recurrentes al Grupo Pachuca por una gestión considerada funesta en los fichajes, los continuos cambios de entrenadores y la necesidad imperiosa de un delantero rompedor que domine el área y marque goles. Hasta el momento, la delantera parece instalada en un limbo imposible, sin ver portería y con fallos incomprensibles para jugadores de Primera División.

En mis visitas como abonado al estadio me asaltan recuerdos de otros tiempos y pienso en mi primo carnal Toni Calleja, interior de finales de los años sesenta, con técnica prodigiosa, estilo elegante y una calidad contrastada que sorprendía. Sus temporadas oviedistas en el viejo Buenavista son hoy historia y leyenda. Junquera, portero del Real Madrid, me comentó en varias ocasiones el talento futbolístico de Calleja. Lo mismo ocurre al recordar a otro primo carnal, Manolín Cuesta, pundonoroso delantero azul de finales de los años cincuenta, que dejó una huella indeleble por su tenacidad y fuerza corporal, además de ser un goleador cotizado.

El Real Oviedo es historia viva, es la representación deportiva de una ciudad moderna, y su trayectoria está ligada a la Primera División. Es momento de confiar en un futuro cercano de victorias y de apoyar al entrenador y a la junta directiva para alcanzar metas que, por ahora, se resisten. La afición, peñas incluidas, lo exige y lo merece. El propio club debe creer en sus posibilidades, que son muchas.

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