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¿Podrían parar la guerra un momento?

Sobre la polémica suspensión de Rayo Vallecano-Real Oviedo

Con la suspensión del partido de fútbol del Real Oviedo, en Vallecas, es inevitable que acuda a Gila y sus conversaciones telefónicas con el enemigo: aquello de que pararan la guerra un momento porque el sargento, pasando revista, metió la cabeza en un cañón y no podía sacarla, o porque eran muchos, al parecer, los soldados rivales y no había balas para todos, o para que no atacaran a la hora del fútbol.

Es raro suspender una guerra por mal estado del terreno o por meteoros, al contrario. En el caso de Napoleón cuando jugaba fuera, en Rusia contra los zares rusos, a las tropas francesas las sorprendió el invierno y fueron diezmadas por los cosacos y la nieve. Algo parecido ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, con la Operación Barbarroja, en la invasión de la Alemania nazi a la Unión Soviética. Y más atrás, en Covadonga, Pelayo aprovechó argayos, aludes e incluso apoyos sobrenaturales, como el de la Santina, para hostigar a los moros. En la guerra, y en el amor, son lícitos los ardides, decía Don Quijote.

Sin embargo, y hablando de guerras, en la hoja de servicios de mi padre, soldado en la Civil, leo que caben treguas: "El 31 de enero de 1938, Luis Monteserín se trasladó con el resto de la unidad a Santa Eulalia (Teruel) hasta el día 5 de febrero en que empezaron las operaciones del Alfambra, en las cuales tomó parte, dando lugar a la conquista de Sierra Palomera, Cerro Gordo, Muletón y Hornos de Cal. A continuación, a causa del frío, veinticinco grados bajo cero, fueron suspendidas las operaciones de ataque a Teruel, trasladándose a Cella la Tercera Bandera de Asturias, donde estuvo un día descansando". Volviendo al Real Oviedo, los azules querían luchar y los del Rayo Vallecano dicen que también, pero sin cuidar el teatro de la guerra, de cuyo buen estado eran responsables; ¿por qué esa dejadez? Acaso para ganar tiempo porque no tenían balas para todos. La fuerza y el fraude, dijo Hobbes, son en la guerra virtudes cardinales. No obstante, la parte arbitral fue quien decidió suspender la contienda; por lo tanto, en esta batalla frustrada en que el Oviedo fue un guerrero justo, quiso pelear contra el Rayo y contra los elementos, y el adversario fue injusto y chapucero, la Liga EA Sports ha de ser quien resuelva el desencuentro vergonzoso con la grandeza de la pluma, es decir, proclamando vencedores a los astures, en este caso en el minuto mil, por penalty justo.

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