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A un milímetro de Canobo, las legiones de Varo y el crujido del hielo

1. ¿Todos los fueras de juego son iguales?

El filósofo estoico Crisipo de Solos decía que todos los pecados son iguales, pues del mismo modo que una verdad no lo es más que otra verdad, tampoco una mentira es más que otra mentira ni un engaño más que otro engaño. Tanto el que se halla distante cien estadios de Canobo (en Egipto) como el que está a uno están ausentes de Canobo. Es decir, un fuera de juego es fuera de juego por un milímetro o por un metro, y ningún fuera de juego es "más" que otro fuera de juego porque tan en fuera de juego está un futbolista que se encuentra un milímetro más adelantado que un rival como el que lo está un metro. Si Cubarsí estaba en fuera de juego por poquísimo en el partido Atlético de Madrid-Barça, estaba en fuera de juego. De acuerdo. Pero… ya le vale al fútbol moderno. ¿Cuántos minutos tuvimos que esperar a que los doctores de la Iglesia dictaminarán que, en verdad, Cubarsí estaba en fuera de juego? ¿De verdad merece la pena este radicalismo estoico del VAR? ¿Por qué una verdad (en Groenlandia hace mucho frío) no puede ser "más" verdad que otra (en Asturias llueve mucho)? ¿Por qué una mentira (Cyrano de Bergerac no tenía una nariz grande) no puede ser más mentira que otra (a Rick le sienta muy mal el esmoquin blanco -o color marfil- en "Casablanca")? ¿Por qué un fuera de juego no puede ser "más" fuera de juego que otro, hasta el punto de que el segundo ya no sea ni siquiera fuera de juego? ¿Dónde está el límite? No lo sé. Pero si estoy a un milímetro de Canobo, jolín, convengamos que estoy en Canobo.

2. ¡Devuélveme mis legiones!

Más allá del fuera de juego de Cubarsí por estar a un milímetro de Canobo, el Barça fue destruido en el Riyadh Air Metropolitano, o como se llame hoy, en una primera parte casi imposible de ser empeorada. El historiador romano del siglo I Veleyo Patérculo decía que a ningún enemigo se le vence con mayor rapidez que al que nada teme, y la sensación de seguridad es el comienzo más frecuente de un gran desastre. Patérculo se estaba refiriendo a las legiones de Publio Quintilio Varo que, tras la traición de Arminio, fueron destruidas por los germanos en la batalla de Teutoburgo. Los graves errores de inteligencia llevaron al desastre a las legiones de Varo, y graves errores de inteligencia condujeron al equipo de Flick al hundimiento en el Metropolitano. Las legiones romanas y el Barça sufrieron emboscadas, pero Varo y Flick parecieron compartir una sensación de seguridad en sus fuerzas que fue el comienzo del desastre. Supongo que Laporta no se dejará crecer la barba y el pelo en señal de duelo por la derrota, ni recorrerá los pasillos de las oficinas del Barça gritando "¡Flick, devuélveme mis legiones!", como hizo Augusto cuando recibió la noticia del desastre de Teutoburgo. ¿Por qué? Porque hay que jugar el partido de vuelta. No hubo partido de vuelta en Roma después de Teutoburgo. Y el Atlético de Madrid hará bien en recordar las palabras de Veleyo Patérculo.

3. El sonido del silencio.

La hermosísima competición de danza sobre hielo en los Juegos Olímpicos de Invierno me ha hecho ver de otra manera las retransmisiones de los partidos de fútbol, cada vez más ruidosas por culpa de dos y hasta tres narradores y comentaristas acompañando cada jugada. Los estupendos comentaristas de Eurosport (Marta Senra, Sara Hurtado y Javier Fernández) permiten que los patinadores hagan su trabajo (su arte) y solo muy de vez en cuando intervienen para explicar algún detalle técnico o llamar la atención de los espectadores acerca de lo que acabamos de presenciar. Silencio, se patina. Solo se habla para mejorar el silencio: "Se puede oír el crujir del hielo con esos pasos tan profundos" (comentario sobre el ejercicio de la pareja finlandesa); "patinan el uno para el otro, no el uno con el otro" (sobre la pareja georgiana). En el ejercicio de la pareja estadounidense, los espectadores no expertos nos enteramos de que algo estuvo a punto de pasar porque la comentarista exclamó: "¡Qué susto!", pero luego aclaró que fue "en una transición, no en un elemento" y, por tanto, no tendría graves consecuencias en la puntuación. ¿Se imaginan que las retransmisiones de los partidos de fútbol fueran así? ¿Que los comentaristas solo intervinieran para mejorar el silencio del juego, para hacer una observación sobre el crujir del césped o la actitud de los futbolistas, o para llamar la atención de los espectadores sobre un detalle técnico que habría pasado inadvertido? La pareja estadounidense terminó su ejercicio y subió en puntuación mientras escalaba en sensaciones. Y todos entendimos lo que la comentarista quería decir.

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