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Pelayo Botas García-Barrero

Un paso adelante… y ahora toca creer

Sobre la victoria del Real Oviedo

El sábado, el Real Oviedo volvió a recordarle a su gente quién es cuando el Estadio Carlos Tartiere empuja y el equipo responde. La victoria por 1-0 ante el Valencia CF no fue solo tres puntos más en la clasificación. Fue algo más profundo: una confirmación de que este equipo, cuando cree en lo que hace, puede competir contra cualquiera. Un equipo serio, ordenado, con un Thiago Fernández a un gran nivel, con una defensa comprometida y solidaria y sobre todo un equipo que se ve a lo que juega desde el minuto uno al noventa. El partido tuvo algo que el oviedismo llevaba tiempo reclamando: personalidad. Desde el primer minuto el Oviedo salió a mandar. No a esperar, no a resistir, sino a jugar con la determinación de quien sabe que su casa debe ser territorio difícil para cualquiera. El Valencia, equipo con talento y recursos, se encontró con un rival incómodo, intenso y ordenado. Un equipo que sabía perfectamente qué quería hacer. La victoria fue corta en el marcador, pero amplia en sensaciones colectivas. Hubo solidez defensiva, hubo compromiso grupal y, sobre todo, hubo esa energía que conecta al equipo con la grada. Cuando el Tartiere entra en ese estado emocional, en esa ebullición los partidos se juegan a otra velocidad. Y el Oviedo lo aprovechó.

Más allá del resultado, lo verdaderamente importante es lo que deja la clasificación. Con esta victoria, el Oviedo se coloca con siete puntos de desventaja sobre la zona de permanencia. No es una distancia definitiva en esta liga de tres puntos, pero sí lo suficientemente significativa como para empezar a mirar el calendario con una sola perspectiva, los dos próximos partidos. En una liga tan larga y exigente, construir paso a paso es la única solución. Sin embargo y pese al buen partido realizado, el fútbol no entiende de celebraciones largas. El calendario no se detiene y el equipo tiene por delante dos partidos que pueden marcar el rumbo inmediato de la temporada. Dos encuentros que dirán si esta victoria es simplemente un buen día… o el inicio de una dinámica que acerque definitivamente al equipo a soñar, a pelear por la permanencia otra temporada en primera división, o que dejen esto en una mera quimera.

Ahí estará la clave. Los equipos que logran sus objetivos no se quedan en el entusiasmo de una victoria importante; utilizan ese impulso para consolidar una racha. Y eso es lo que necesita el Oviedo porque ganar en casa es fundamental, pero dar continuidad fuera es lo que convierte una buena jornada en un punto de inflexión. El Oviedo del sábado demostró que tiene argumentos: orden táctico, compromiso colectivo y un estadio que aprieta como pocos cuando ve a su equipo competir de verdad. Ahora falta lo más difícil en el fútbol profesional: repetirlo.

Porque el sábado se ganó un partido.

Pero en los dos próximos se pueden empezar a soñar en la permanencia.

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