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Pelayo botas garcía-barrero

Fe de Viñas

Sobre el importante triunfo en Balaídos

La victoria del domingo en Vigo del conjunto carbayón no fue solo un triunfo de enorme valor clasificatorio ante un rival de entidad como el Celta de Vigo; fue, sobre todo, la confirmación de que este equipo ha encontrado, quizá por fin, el momento competitivo y emocional que tanto llevaba buscando durante la temporada. Porque hay victorias que valen tres puntos y hay victorias que, además, alimentan el alma de un equipo que se resiste a rendirse.

El título de esta columna no puede ser otro que "Fe de Viñas". Porque en el fútbol, como en la vida, hay momentos en los que solo la fe sostiene el camino: fe en el trabajo, fe en la idea, fe en que mientras los números no digan lo contrario siempre hay margen para creer.

Y esa fe, esta vez, tuvo nombre propio: Fede Viñas, autor de dos goles que resumen a la perfección lo que fue el partido del Oviedo en Vigo: eficacia, oportunismo y determinación.

No fue un encuentro de dominio abrumador ni de superioridad constante. Fue, más bien, un ejercicio de madurez competitiva el de los de Almada. El Oviedo supo interpretar el contexto del partido siempre, esperar sus momentos y castigar cuando el rival ofreció la mínima rendija para hacerlo. Ahí apareció Viñas, inspirado, certero, con ese instinto del delantero que sabe que las oportunidades fuera de casa rara vez se repiten dos veces.

Pero si algo merece especial mención es el trabajo defensivo. En Balaídos llegó un dato que habla por sí solo: primer partido fuera de casa sin encajar ningún gol. Más allá de la estadística, la sensación fue la de una zaga sólida, concentrada y comprometida como pocas veces se ha visto esta temporada. Líneas juntas, ayudas constantes, vigilancia sobre los espacios interiores y una agresividad bien medida en los duelos.

El equipo defendió como bloque, con una convicción que transmite que todos entienden lo que está en juego. Y si no, ahí está Escandell. Es cierto que el Celta dejó la impresión de tener una parte de su mente puesta en su compromiso de Europa League. Quizá la intensidad no fue la habitual, quizá hubo cierta gestión de esfuerzos. Pero el fútbol no entiende de disculpas: el mérito está en aprovecharlo. Y el Oviedo lo hizo con una personalidad que invita al optimismo.

Ahora la distancia con la salvación se reduce a seis puntos. Seis. Una cifra que hace no tanto parecía inalcanzable y que hoy vuelve a abrir la puerta al sueño. ¿Por qué no creer? ¿Por qué no pensar que esta reacción puede prolongarse?

El equipo atraviesa, seguramente, su mejor momento de la temporada, tanto en resultados como en estado anímico. Y el calendario ofrece una oportunidad magnífica: dos partidos consecutivos en casa. El Carlos Tartiere debe convertirse en el motor definitivo de esta remontada. Si la fe de Viñas ha encendido la chispa, ahora toca que grada y equipo aviven juntos el incendio de la esperanza. Porque en el fútbol, mientras hay vida, siempre hay fe. Y hoy, en Oviedo, esa fe tiene apellido.

¡Hala Oviedo! n

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