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Opinión

Un bolero desafinado

Sobrela trayectoria del Real Oviedo

Es tiempo de reflexionar. Una campaña decepcionante y todo un fiasco social y deportivo. El Real Oviedo que vivió un ascenso a Primera División memorable y de locura con la ilusión y la esperanza de mantener una posición cómoda en la máxima categoría todo se vino abajo por una negativa gestión de la directiva que no estuvo a la altura de las circunstancias en su papel de conformar un equipo competitivo.

La tristeza invade el corazón de una afición única y respetable que esperaba mucho más del Grupo Pachuca para consolidar una realidad deportiva bien ensamblada en disputa con los grandes del fútbol español. En un símil musical el grupo carbayón se asemejó en esta liga a un bolero desafinado y sin partitura muy alejado de las bellas melodías vespertinas del cancionero mexicano. Todo un despropósito que conllevó al Real Oviedo a un descenso meteórico sin poder disfrutar unas temporadas de la calidad futbolera de los rentables equipos de la Primera División española.

Este momento que vivimos es un drama para la ciudad, para el sentimiento azul que semana a semana se vuelca con intensidad y fuerza beatífica por unos colores que no han brillado como se esperaba y para el deporte asturiano. Mi colega y amigo Roberto Gómez, de Radio Marca, ya me lo dijo en varias ocasiones en referencia a los cambios de entrenador y a la trayectoria liguera del club oviedista esta temporada.

Malos presagios que a la postre se convirtieron en una bajada sin frenos hacia los infiernos con la frustración y la impotencia de unos socios y aficionados sujetos desde hace años al sufrimiento y a la inestabilidad de un grande venido a menos.

Elena y Paco de Vallobín, dos acérrimos aficionados de pata negra que siguen al Real Oviedo por toda España, viven momentos de zozobra por la infausta realidad azul. Y como ellos todos los afectos a un club de abolengo

Es hora de tomar decisiones prácticas y con sentido común, desterrando errores. Urge conformar un equipo compacto y ganador para afrontar con garantías una Segunda División compleja y muy disputada.

Es de esperar que los técnicos especializados en inteligencia deportiva acierten con sus propuestas y el Real Oviedo tras esta lamentable temporada resurja con poderío y honor para volver a su estado verdadero como es la liga de las estrellas.

Habrá que confiar en el Grupo Pachuca para alcanzar la luz deportiva y permanecer lo menos posible en ese mar de tinieblas que supone la «división de plata». El orgullo, valor y garra del lema deben demostrarse en los campos de juego, lo demás son vulgares cantinelas.

Y otro descenso traumático a regional fue el relacionado con mi equipo del alma el Real Titánico de Laviana, un histórico envuelto en una crisis permanente. Me consta que Adrián Barbón está sufriendo en silencio.

Suerte para ambos combinados hermanos y que para la próxima temporada deportiva el refocilo, la alegría y el alborozo sean el santo y seña de un nuevo amanecer. n

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