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El año de los errores y alguna necedad

Sobre la temporada del Oviedo en Primera

Volver a Primera tras una travesía por un largo de desierto de 24 años, centenario del Oviedo con los grandes del fútbol español, armonía por la ola de ilusión que genera todo ascenso tras un guión perfecto, con remontada incluida y papel protagonista del gran ídolo. Todo parecía ir bien. Un espejismo porque fue subir y empezar el año de las decisiones erróneas y alguna necedad, aunque el Grupo Pachuca prefiera hablar de lecciones de vida. Veremos si el accionista mayoritario aprendió de los errores para rectificar. Ojalá.

¿Cuándo se jodió el Perú? O dicho en otras palabras porqué se rompió la buena química entre un Grupo Pachuca que desde su llegada había mejorado las prestaciones del equipo (final de play-off y ascenso) y la afición que, ante todo, quiere buenos resultados, consciente siempre de que ser del Oviedo supone ir por el camino difícil y que para ganar toca sufrir, sufrir y volver a sufrir. Va en el ADN oviedista. El primer error de Pachuca, a la vista de los acontecimientos, fue confiar el timón del equipo al entrenador del ascenso, Paunovic. La propiedad no se atrevió a pasar página, seguramente por lo impopular de la medida y volvió a tropezar en la misma piedra, como cuando renovó a Cervera.

La saga de errores continuó con una política de fichajes calamitosa, donde brilló por su ausencia la solidez que cabía presumir a un grupo con décadas de experiencia en el fútbol. Demasiadas apuestas a cara o cruz y muy caras, que no aportaron apenas nada (Ilic, Dendoncker, Carmo, Ejaria, Brekalo), que ya empezaron mal: presentación superstar de Brandon Domingues con su cara proyectada sobre la fachada del Campoamor (algo que, señores del consejo de administración, no se ha hecho ni con los galardonados de los Premios Princesa de Asturias), y el triple con Salomón Rondón como delantero franquicia azul para la vuelta a la élite. Casi nada. Como se dice por acá: pufos en toda regla. Unos de cosecha propia, otros por sugerencia del cuerpo técnico.

El vía crucis para la sufrida afición carbayona se hizo carne con la destitución sorpresa de Paunovic cuando la grada aún no demandaba tan drástica medida, algo que podía haber ocurrido tiempo después porque “fútbol ser fútbol”, que decía Vujadin Boskov, y venga, va (como si hiciera falta más sal en la herida) el relevo con Luis Carrión, el menos adecuado de todos los candidatos por dos motivos: su salida de aquella manera tras el sobrado “Keep calm and carry on” del presidente de Las Palmas y, lo más importante de cara a luchar por la permanencia, el pobre bagaje del técnico catalán con los canarios en su estreno en Primera División. Otro cara y cruz condenado al desastre, que muchos vieron venir y avisaron. Ni caso.

“Seis puntos en ocho partidos”, justificó Jesús Martínez para dar puerta al entrenador serbio tras un arranque de campeonato con partidos frente a Villareal, Real Madrid, Barcelona y Real Sociedad. El listón estaba claro. El Oviedo de Carrión solo fue capaz de rascar cuatro puntos, sin victorias de por medio, pese a un calendario bastante más sencillo, y de propina una eliminación vergonzosa en la Copa del Rey, el primer equipo de Primera KO y encima ante un colista de Primera Federación y con la peor imagen posible, con los jugadores discutiendo entre ellos. El desastre se veía venir y se consumó en Sevilla tras un partido lamentable.

La ristra de dislates continuó y el Oviedo, probablemente por primera vez en su historia, pagó a otro club por fichar a un entrenador que, reconozcámoslo, tampoco es la quintaesencia del fútbol por más que el equipo empezase a competir algo mejor unas jornadas pese a que el ambiente con el vestuario no fue bueno, como revelaron luego los jugadores. Un dinero que luego brilló por su ausencia en forma de refuerzos para corregir las evidentes taras o déficit de calidad en la plantilla conformada en verano. Algo que apuntaron también los jugadores, el propio Guillermo Almada y hasta Jesús Martínez más recientemente. La aportación de Thiago Fernández fue insuficiente para dar solidez al plantel y el fichaje de Borbas una broma de mal gusto sin asunción alguna de responsabilidades. La resultante con estos cimientos no podía ser otra que la peor temporada del Oviedo en la Primera División.

¿Y ahora qué? Un nuevo cambio de rumbo, otro proyecto que Pachuca pone en marcha a un ritmo de ceses y finiquitos que recuerda los tiempos de Jesús Gil en el Atlético de Madrid que celebraba sus escasos éxitos al trote de Imperioso. Bien haría el accionista mayoritario en cuidar un poco más al verdadero tesoro del Real Oviedo, que no es otro que su afición y en esto no hay relato, cantan los datos: más de veinticuatro mil socios renuevas y más de cuatro mil con carné oviedista en lista de espera sin más estímulo que un nuevo entrenador y cuatro fichajes con alguna experiencia en Segunda. Así que a remontar Pachuca, por la buena marcha del negocio, con decisiones coherentes y menos ocurrencias y necedades. Sentido común y mucha, mucha humildad.

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