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RAFA QUIRÓS

El baño a la inversa

Un pliegue mustio en el carro de salir a la compra me hacía una mueca de conmiseración, apostados él y yo frente al televisor la tarde del 15 de junio, a eso de las ocho. Listos los dos para salir zumbando hacia el hipermercado de proximidad y zambullirnos en aquella oferta de "todo el vino al 50 por ciento", hasta la hora del cierre, si España debutaba con victoria en el Mundial 2026. Llenar el carro de riojas, riberas, albariños… todos a mitad de precio solo por ganarle a ¡Cabo Verde! iba a ser como robar dinero, que diría Groucho Marx. Más fácil que en la última y triunfal Eurocopa, cuando el lineal de vinos en Los Fresnos se colapsó como un túnel de autopista de peaje en obras. Un frenesí de clientes azorados haciendo acopio de tintos, blancos, rosados espumosos… tras la primera victoria del pleno que en Alemania condujo al título continental.

El impensable empate a cero en el debut ante Cabo Verde va a ser el mal trago que me quede de este Mundial –sin más consecuencias que el botellero de casa sin reponer–, pues quienes aún disfrutamos del fútbol solo por ser fútbol, y esquivamos toda la farfolla que hoy lo envuelve, despediremos esta noche el torneo que la propia organización convirtió en el más agredido de la historia con nuestra final soñada, que apunta a partido del siglo. Hablo de vinos como contrapunto a eso de la hidratación, posmodernismo de cuatro tiempos de partido con anuncios que en la tele cierran con un mosaico de celebridades abrevando en sus palcos y el pueblo llano en la grada, muy pendiente de salir haciendo el ganso en el videomarcador. Ahora que de fútbol apenas se habla, con el beneplácito de la audiencia, lo intentó el otro día Santi Segurola en "La Vanguardia". Escribió con fundamento sobre la poderosa influencia de Lamine Yamal en el juego de la selección, más allá de lo que dicen los datos (que ya no son estadísticas, son "power ranking"). Pasó el artículo casi desapercibido en los foros frente a otra popular firma del columnismo deportivo: ese Mariano Rajoy y su recuento de franceses, que a poco prende el conflicto diplomático, como cuando Otto Bismarck manipuló el telegrama y consiguió que le declararan la guerra.

Empachados de anuncios y estadísticas no sabemos aún cuántos aficionados estadounidenses de aluvión siguen sin comprender que Messi juegue y deleite con esos tipos adustos de la pancarta y no con los suyos de Miami, pese a los esfuerzos de la cadena Fox por explicárselo a la población. Ignoramos por cuánto le saldrá a Javier Bardem la broma de un Mundial con palcos a tropecientosmil dólares; si el vuelo con entrada a la final por 9.000 machacantes va lleno o cuántas camisetas de fútbol habrán vendido en el mercadillo de la Semana Negra, sin jugarse siquiera los cuartos (de final). La preocupación hoy, más que una albiceleste con trayectoria milagrera en curso, era esa amenaza de contaminación atmosférica sobre Nueva York, al estilo Veriña o El Empalme, más la doble ración de entreacto que los reyes del show business le querían colar a la FIFA en la final. Que a ver cómo iban a apañarse De la Fuente y Juanjo González para mantener a la tropa en un tenso recogimiento de media hora sin mediar una pocha o unas rondas de mus. No digo que alguno se les hubiera quedado dormido como Mágico González, pues qué prodigio de control mental iba a dormirse allí dentro con Shakira y Justin Bieber maullando fuera.

Compré ayer un tinto de Cangas al 3 x 2. Estaba el lineal del super en calma chicha, con el Cantábrico a 23 grados y la hinchada en las playas a 30, hablando más de juerga que de fútbol. Sopesando a la estatua de qué prócer van a encaramarse hoy, móvil en ristre, si antes de medianoche ya tenemos a la IA interviniendo esa foto benéfica del joven Messi bañando al bebé Lamine. Al cabo de 20 años, Yamal se incorpora en la palangana, suelta el patito y le devuelve a La Pulga el baño. Si al MetLife Stadium también sale Rodri tirando de escuadra y cartabón y termina de convencer a la quinta columna de negacionistas conspiranoicos que no; que el Balón de Oro 2024 no era Vini Junior.n

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