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Opinión

Una teoría del color, pan en el circo y la vida en Marte

Sobre el Mundial y el arranque de la Liga

1. El Mundial y Goethe.

Empieza la Liga después del extraño y larguísimo Mundial de Estados Unidos-México-Canadá. Un Mundial algo tosco, crepuscular (Messi, Cristiano Ronaldo, Kane, Modric, Neymar Jr., James, Mané, De Bruyne, Mahrez...), irritante (el ser de Infantino y el estar de Trump), a ratos anodino, a veces luminoso (Cabo Verde, Marruecos mirando a los ojos a Países Bajos), con alguna que otra sorpresa (Paraguay eliminó a Alemania, que ya no es aquella selección de la que hablaba Gary Linecker) y, sobre todo, el Mundial que dejó claro que la selección española de fútbol está a años luz de cualquier otra selección de este planeta. Como he seguido, hasta que mi depósito de sentir vergüenza ajena se llenó hasta los topes, las teorías conspiranoicas que intentaban explicar la derrota de la Argentina de Messi ante la España de once (más los cambios) futbolistas, creo que puedo concluir que el fútbol da la razón a la bonita pero absurda teoría del color que propuso Goethe. Los colores no son propiedades de las cosas, decía Goethe, sino que dependen de las circunstancias personales en las que nuestros ojos y cerebro interaccionan con lo que vemos. Así, la abrumadora superioridad de la selección española o la profunda vulgaridad de la selección argentina no son propiedades del juego de España y del no-juego de Argentina ni, por supuesto, vibraciones futbolísticas a una frecuencia y longitud de ondas distintas, sino producto de las circunstancias personales de los aficionados. Solo de esta manera se podría entender que tantos ojos y cerebros estuvieran convencidos de que Argentina en realidad jugó bien, de que tuvo mala suerte, de que la FIFA amenazó a los futbolistas argentinos por haber mostrado una pancarta sobre las Malvinas, de que España se comprometió a permitir el uso de las bases militares de Estados Unidos a cambio de que la FIFA le regalara el Mundial, o de que el FBI habría detenido al presidente de la AFA si Argentina hubiera ganado la final. La selección española de fútbol es la mejor selección del mundo. No hay color. Y ahí sí tiene razón Goethe.

2. El eclipse y Juvenal.

Que los futbolistas, como cualquier otro ciudadano, pueden decir lo que les dé la gana sobre lo que les dé la gana es una obviedad que no discutiría ni Rosa Díez. Ferran puede llevar una gorra con guiño a Donald Trump, Borja Iglesias puede luchar por los derechos de la comunidad LGTBIQ+ y pintarse las uñas, Piqué puede defender la independencia de Catalunya, Neymar Jr. puede apoyar a Bolsonaro, Mbappé puede criticar a la extrema derecha de su país, Carvajal puede estar orgulloso de su desplante a Pedro Sánchez y hasta Unai Simón puede sostener que los futbolistas deben limitarse a hablar de temas deportivos. Vale. Eso quiere decir que, por supuestísimo, Marcos Llorente puede criticar la excesiva atención institucional hacia el eclipse y decir que con ello se buscaba mantener a la gente entretenida y mirando hacia otro lado para desviar el foco mediático de problemas nacionales de mayor gravedad. Pero lo que Llorente no puede, o no debe, decir es que "es lo de siempre, pan y circo". Vamos a ver. El poeta Juvenal acuñó la expresión "pan y circo" para describir, y criticar, la práctica de los emperadores de regalar trigo y organizar espectáculos gratuitos para tener al pueblo de Roma tranquilo y entretenido. ¿El Estado convirtió el eclipse en un "circo", y regalar las gafas para ver el eclipse sería algo parecido al "pan"? Se puede discutir. Pero Marcos Llorente es un deportista de primer nivel que juega en un equipo de fútbol de élite que compite en una Liga que dice ser la mejor del mundo. ¿Las gafas que suele lucir Llorente le impiden ver que el fútbol moderno se parece bastante más al circo del que hablaba Juvenal que el puñetero eclipse? Si el eclipse es "pan y circo", ¿qué podríamos decir del fútbol? Llorente sostiene que el poder utilizó el eclipse para desviar la atención de los ciudadanos. ¿No tiene nada que decir del fútbol, y de sí mismo, en ese sentido? Llorente podría defender que el domingo es el día del Señor y que por lo tanto es un día que tiene que estar dedicado al descanso y la oración, pero entonces no debería jugar el siguiente domingo con el Atlético de Madrid. No sé si Juvenal comía pan gratis mientras disfrutaba de un espectáculo en el circo pagado por Domiciano, pero sí sé que Marcos Llorente se gana el pan jugando contra el Málaga en el circo de la Liga.

3. La Liga y Marte.

En la primera jornada de Liga, todo es posible para todos. Racing y Dépor han vuelto, y en los Campos de Sport del Sardinero o en Riazor se sueña con asaltar los cielos de la Liga, no con evitar el descenso. Ahora mismo, Mariano es el Moisés que puede conducir al Alavés a las tierras de leche y miel. ¿Quién se acuerda en Valencia de las espantosas últimas temporadas de un equipo con menos alma que el acta de una reunión de vecinos? En el primer día de cole, el patio de la Liga no es particular del Barça o del Real Madrid. En el día uno, la vida en Marte no solo es posible, sino inevitable. Disfrutemos el momento. Dentro de un par de semanas, nos pasará como a los divulgadores científicos Kelly y Zach Weinersmith, autores del precioso ensayo "Una ciudad en Marte". Kelly y Zach leyeron, estudiaron, entrevistaron a expertos y, a pesar de su optimismo inicial, se convirtieron en unos pesimistas radicales acerca de la posibilidad de vivir en un asentamiento en Marte. Unos "cabrones del espacio", como ellos mismos se autodenominan: "No éramos así, la culpa es de los datos". Pues eso. Hoy todos los aficionados del Racing, del Dépor, del Alavés o del Valencia sueñan con vivir en Marte, pero es posible que terminen siendo unos "cabrones del fútbol" que solo aspiran a seguir viviendo en el planeta Tierra.

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