13 de noviembre de 2011
13.11.2011
 

Roma, bajo el síndrome de Atenas

l La delicada situación de la economía l Alta tensión en la eurozona
Italianos y españoles residentes en el país expresan su temor a que la crisis se agrave a pesar del cambio político

13.11.2011 | 01:00

Roma, María GANCEDO


Roma, la Ciudad Eterna, reina hegemónica del Mediterráneo durante siglos, vuelve a ser escenario de la caída de un imperio: el de Berlusconi. La pasividad frente a los problemas financieros, la pérdida de confianza ante inversores y socios en el euro, y también dentro del Parlamento italiano, lo han llevado a decir adiós por la puerta de atrás, dejando un programa de reformas y ajustes (la llamada «ley de estabilidad») aprobado en el último minuto, la incertidumbre de un gobierno técnico y la existencia, dicen los italianos, de más similitudes de las deseadas con la vecina Grecia.


«Poner al frente del Gobierno a un experto en finanzas lo único que consigue es camuflar el problema, pero no lo soluciona», comenta José María Viejo, un fraile dominico de Quirós que hace cuarenta años dejó su Asturias natal para venir a la capital italiana. A sus 68 años es profesor de Biblia en la Universidad Católica Santo Tomás de Aquino, en pleno corazón de la ciudad. Para él, el principal problema de la crisis es la falta de honradez y de valores humanos. «Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades durante mucho tiempo», recalca. Está convencido de que Grecia no será capaz de pagar todo el dinero que le han prestado. Y apunta: «Toda la sociedad se basa únicamente en gastar, faltan las fuentes de ingresos, lo que provoca que deuda a deuda se genere un empobrecimiento que en un determinado momento explota y pasa lo que está sucediendo. Acabaremos como Grecia».


A pesar de llevar tanto tiempo dedicado a la orden, en su juventud Viejo trabajó en la industria minera por lo que ha experimentado el cambio de mentalidad laboral. Recuerda que cuando llegó a Roma el nivel de vida era muy alto en comparación con lo que él había experimentado en España. «Ahora estamos a la par», asegura. Reconoce que la crisis no le afecta en el mismo grado que al resto de los italianos. Aunque sí nota que repercute ligeramente en los estudiantes de la Universidad. «Antes, cuando el euro estaba por debajo del dólar había más americanos. De un tiempo a esta parte con la subida del euro cada vez vienen menos», apostilla, «porque aunque Obama no lo reconozca, esta crisis no es sólo a nivel europeo».


«Con la ley de estabilidad se aprueba todo aquello que va en contra del Estado del bienestar», asegura Paolo Ferrero, secretario general del partido italiano Refundación Comunista y ex ministro. Para él, la crisis tiene un culpable: el Banco Central Europeo y su política de préstamos con un interés especialmente gravoso para los estados. Aunque, bajo su punto de vista, Italia es más fuerte que Grecia, está convencido de que con la intervención en el país lo único que se conseguirá será aumentar la especulación y con ella las diferencias sociales.


Los jóvenes son los más conscientes de la situación de precariedad en la que se va a tener que desarrollar su porvenir. «Tarde o temprano pasará lo mismo que en Grecia», se resigna Alessandro Conti, un estudiante de 26 años.


El siciliano Domenico Scuderi tiene un trabajo estable como informático en el Ministerio de Agricultura, pero eso no le hace desentenderse de la realidad: «Las perspectivas de trabajo para los jóvenes son prácticamente inexistentes en un momento en el que sólo se habla de recortes sociales». Esta idea de la precariedad es compartida por Valentina Paolessi, una activista de Greenpeace, que a sus 32 años sólo ha tenido un contrato de trabajo por no más de un año, ya que el resto de su actividad laboral ha sido siempre en «negro». Por lo que asegura convencida: «El futuro está fuera de este país».


Mientras unos se quieren ir a buscar fortuna fuera de las fronteras del país transalpino, otros vienen a la capital italiana a aprovechar las oportunidades que se ofrecen a los estudiantes europeos. Es el caso de tres jóvenes doctores españoles: Álvaro Canales, Enrique Hernández y Manuel Moreno. Llegaron a la capital hace dos meses con una beca posdoctoral que les permite realizar trabajos de investigación en la Escuela Española de Historia e Arqueología. La ayuda que reciben está directamente ligada a la situación económica y al Presupuesto del país, lo que les produce estar atentos a los asuntos de actualidad en materia económica. Consideran que la ley presupuestaria aprobada ayer refleja medidas impopulares, que en España ya han tenido que llevarse a cabo y «parece que han ayudado a salir un poco de la crisis», asegura Hernández. «El propio Berlusconi es consciente de que su momento ha pasado. Aunque con él nunca se sabe», añade.


Una lectura mucho más amplia hace Andrea Guiso, profesor de la Universidad de Estudios de Roma La Sapienza, para quien la crisis no sólo afecta a la economía o a la política. La complejidad de esta situación va mucho más allá: «Se trata de una crisis de la propia democracia». Considera que «son los mercados los que deciden verdaderamente lo que deben hacer los estados soberanos». Además de una crisis desde la integración en la Unión Europea y la aceptación de la moneda única. Italia juega un papel secundario en el -como lo define Guiso-, eje «Merkozy» (Merkel y Sarkozy). Considera que el país está pagando el hecho de tener un sistema político institucional extremadamente deficiente y la falta de credibilidad en el marco económico europeo. «Se nos impone una capitalización que grava muchísimo más a la banca italiana, bajo lo que llaman medidas técnicas. Todo ello a pesar de que otros estados han sido mucho más hábiles con la expulsión de bonos tóxicos», añade. Guiso asegura, también, que en Italia hay un mayor escepticismo sobre el euro que en otros países de la Unión.


Sin perder de vista la tragedia griega que ha vivido y vive Atenas, Roma mantiene su pulso y sus contrastes. Mientras el Coliseo, principal símbolo turístico italiano, está abarrotado de visitantes que se hacen fotos con los centuriones romanos que se pasean por los alrededores, y las terrazas de las «trattorias» bullen de comensales, en el centro administrativo de la ciudad se viven los momentos más tensos de la República. Con paso tranquilo, al más puro estilo italiano (llegar puntual en el país significa hacerlo con 15 minutos de retraso), el país tomó ayer, casi en el último momento, graves decisiones para evitar que el barco se hunda. El profesor Guiso lo resume así: «Basta con conocer un poco la historia de Italia para darse cuenta de que las grandes decisiones siempre se han llevado a cabo después de una guerra o si existe una fuerte presión exterior».

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