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La crisis da un vuelco al mercado laboral y deja fuera a los asturianos sin estudios

La región envejece: casi una cuarta parte de la población en edad de trabajar tiene 55 años o más

La crisis da un vuelco al mercado laboral y deja fuera a los asturianos sin estudios

Por fin, el empleo volvió a crecer en España. Esta buena noticia veraniega nos la trajo la última EPA. Ya había aumentado de un trimestre para otro, pero no de un año para otro, es decir, algo más libre de los efectos estacionales. Creció un poco más del 1%. Puede parecerles escaso, pero tengan en cuenta que estábamos en cifras negativas desde el tercer trimestre del 2008, esto es, con caída tras caída durante ni más ni menos que 23 trimestres consecutivos. Tomando este mismo indicador, vivimos recesiones aún más largas, por ejemplo, la de finales de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado. Pero no habíamos perdido tanto empleo como en esta ocasión: un 18% de personas empleadas menos que en el tercer trimestre de 2007.

Este momento se fue anticipando desde hace tiempo, por ello no tuvo quizás tanto impacto mediático. Pero no deja de ser una noticia estupenda. Más aún si tenemos en cuenta que en recesiones anteriores (la que acabamos de mencionar y la de los 90), momentos como éste fueron señal de que se iniciaban nuevas fases económicas expansivas, el inicio de las remontadas.

Además, en esta ocasión, se produce una novedad: una reducción (también interanual) del paro muy sustancial (un 7%). En realidad, éste ya inició su caída hace unos trimestres y esto no había ocurrido en recesiones anteriores en las que aún hubo que esperar algún tiempo más. ¿Es esta una buena noticia? Pues no tanto. En realidad, esta disminución del número de parados no procede de un crecimiento del empleo, sino de una caída (interanual) prolongada de la actividad laboral, un hecho inédito en tiempos modernos. Nuestra población activa disminuyó por una larguísima caída de la población en edad laboral (18 trimestres consecutivos de caída interanual de la población de 16 a 64 años) asociada con el rápido envejecimiento de nuestra población nativa y a un proceso de emigración cada vez más intenso.

¿Y Asturias? Primero, lo bueno. Si fechamos el inicio y fin de la recesión por las primeras variaciones interanuales del empleo negativas y positivas, respectivamente, en comparación con el resto del país, la entrada en la recesión se retrasó y la salida se adelantó en unos tres trimestres. Esta es otra novedad respecto de recesiones anteriores. Bien.

Pero uno de los hechos más extraordinarios es cómo se ha ido regenerando la distribución del empleo en nuestra región durante esta larga recesión, en especial, la relativa a los niveles educativos de los trabajadores. En efecto, el empleo de las personas con educación alta (titulados universitarios y formación profesional superior) ha pasado a superar en un 65% al empleo de personas con nivel educativo bajo (enseñanza obligatoria o menos), mientras que al inicio de la crisis era casi un 18% inferior. Este hecho también ocurrió en el resto del Estado, pero ha sido muchísimo menos intenso (hoy, un 20% superior, por un 23% inferior en el 2007).

¿A qué se debe éste fenómeno y su mayor intensidad en nuestra región? En primer lugar, el empleo evoluciona en correspondencia con el nivel educativo de la población. En este sentido, tenemos una población joven y de mediana edad más educada que el resto, aun a pesar de nuestras elevadas tasas de emigración. En segundo lugar, esta crisis se ha cebado en especial con las personas de menor nivel educativo. Sin embargo, la caída de las tasas de ocupación de este colectivo no es un fenómeno reciente. Se ha venido produciendo a lo largo de las últimas décadas, acelerando su caída en cada recesión, pérdidas de empleo que no se recuperan luego en las fases expansivas. Una causa más aceptada por los científicos sociales son las nuevas tecnologías sesgadas a favor del trabajo más cualificado. En este sentido, las familias de esta región no se han equivocado cuando han invertido tanto y más que las demás en la educación de sus hijos. Una parte sustancial ha tenido que despedirse de los mismos, pero esto es ley de vida en los países avanzados.

En cualquier caso, cerca de la mitad de nuestros parados apenas si ha alcanzado la enseñanza obligatoria. El camino laboral que tienen por delante estas víctimas del abandono escolar será más duro que nunca. Y aquí, la única solución es más capital humano, con formación ocupacional y escuelas de segunda oportunidad. Difícil en estos momentos de escasez. Debería sin embargo considerarse como un aspecto irrenunciable de nuestra inversión pública, aunque suponga más sacrificios aún en otros apartados ya muy dañados por tantos recortes. Difícil. Pero lo que ya no toleraría la ciudadanía es que tanto éstas como otras políticas activas sirvan para propósitos oscuros y no se evaluasen con rigurosidad, buscando continuamente su eficacia y eficiencia.

Finalmente, datos pésimos, que no constituyen una novedad en el panorama asturiano, ni se pueden achacar a esta recesión: nuestra población en edad laboral siguió envejeciendo rápidamente en este período de recesión. Un 23% ya tiene 55 años o más, casi cuatro puntos más que al inicio de la recesión. Seguimos siendo, de lejos, la comunidad autónoma más envejecida laboralmente.

También seguimos con la tasa de actividad más baja del país. Casi tres personas de cada 10 con edades comprendidas entre los 25 y los 64 años no participan en el mercado de trabajo (ni como parados). Trabajan algo menos de 6 de cada 10, y sólo un 10% de las 4 restantes (los no empleados) desea trabajar. Son cifras realmente muy muy bajas, pésimas.

En fin, algunos se alegraron por las buenas noticias que nos trajo esta última EPA. Otros prefieren dejar las celebraciones para otro momento. Para cuando se hayan recuperado los niveles y calidad del empleo que se han perdido a lo largo de tantos años de calamidades económicas. O para cuando se produzcan los cambios estructurales necesarios para que dejemos de ser una región tan viejuna y poco activa en lo laboral.

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