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La Asturias que innova

El arma asturiana contra el "bullying"

La empresa gijonesa I-Sen desarrolla un programa informático para detectar de forma precoz los casos de acoso en las aulas

"¿Cómo te sientes?" La pregunta es concisa y va directamente al grano. El abanico de posibles respuestas son seis emociones de las más básicas: "Alegre, treste, con ira, con asco, con sorpresa, y con miedo". A esta cuestión se enfrentan ya muchos alumnos cuatro veces al día. Los resultados son, posteriormente, analizados por una empresa gijonesa, de nombre I-Sen, que ha creado este termómetro con el que consiguen comprobar si un estudiante sufre acoso, lo que se conoce como "bullying", de forma precoz y temprana. Esto permite activar todas las alarmas para evitar que el hostigamiento vaya a más y se den casos como el que relata el libro "Por 13 razones", que luego se ha convertido en una exitosa y polémica serie de televisión, en el que una estudiante de un instituto americano decide suicidarse debido al acoso que recibe por parte de sus compañeros.

Ruka Muñiz, fundador y CEO del proyecto, se autodefine como un "padre preocupado", que quiere evitar que sus hijos caigan en las garras de los acosadores. Para detectar este tipo de casos, el personal de la compañía ha ideado una algoritmo para analizar todos los datos recopilados. Es su secreto, el arma que tienen para luchar contra la lacra del "bullying" y lo guardan como oro en paño. Lo novedoso de su proyecto es que logran anticiparse de forma precoz a estos hostigamientos preservando el anonimato del estudiante. Medidas paliativas, para tratar de poner la venda cuando la herida ya está hecha y el acoso es insostenible hay a patadas, explica Muñiz, pero nadie había logrado hasta ahora anticiparse al problema. Para conseguir su objetivo, I-Sen trabaja con un equipo externo de profesionales, entre ellos psicólogos o pedagogos, que son quienes les hay ayudado a perfilar y afilar su algoritmo.

De esta forma, consiguen identificar un elevado número de patrones de respuestas por parte de los alumnos que podrían ser señal de que algo no va bien y de que es necesario ir activando todas las sirenas de alarma.

¿Cómo funciona? I-Sen ha buscado que el mecanismo se ha buscado que sea lo más sencillo posible, ya que su público objetivo son niños pequeños. Cuando el estudiante entra en el aula tiene que responder a la pregunta sobre cómo se siente eligiendo en una "tableta" o en un ordenador (ya que el sistema está colgado en la nube) cuál es la emoción que mejor describe su estado. Solo es necesario un clic. Eso sí, la operación se suele repite cuatro veces al día (cuando llegan a clase, cuando salen al recreo, cuando vuelven de ese descanso y cuando suena el timbre para volver a sus casas) para ver como va evolucionando el estudiante durante la jornada y para ir acumulando datos sobre sus estados emocionales. Hay veces, de hecho, que el problema no está en las aulas. "Hay críos que llegan tristes al colegio, pero que van poniéndose alegres a lo largo de la jornada", explica Muñiz. Eso es señal de que algo no va bien en casa. Pero no suele ser lo habitual. Para su sorpresa, asegura el fundador de la empresa asturiana, "trabajando con los psicólogos nos dimos cuenta que uno de los patrones a los que más atención debemos de poner es al del sentimiento de asco, eso significa que el crío esta sufriendo un rechazo, y eso puede desembocar en ira o tristeza".

Cuando comenzaron a probar su herramienta trataron de hacer a los estudiantes preguntas algo más elaboradas pero, explica Muñiz, "nos aparecían demasiadas variables" y el sistema dejaba de ser operativo. Por eso lo dejaron en una sola y simple cuestión que cualquier niño puede comprender. Al final, los propios centros educativos utilizan la herramienta para otro tipo de fines como evaluar si funcionan las actividades extraordinarias que organizan.

Hay dos momentos de la jornada escolar en los que I-Sen quiere centrar sus esfuerzos para luchar contra el "bullying", el del recreo y el comedor. "Esos dos sitios son como la cárcel, tengo amigos para los que el colegio fue una auténtica tortura", explica Muñiz. Hay casos terribles, argumenta.

La herramienta está siendo probada con éxito en el colegió de la Inmaculada Concepción de Gijón. Aunque el proyecto está creciendo con mucha fuerza y sus perspectivas de negocio son muy halagüeñas. De hecho, la compañía asturiana tienen negociaciones avanzadas con la Fundación Siena y con la editorial Edelvives para llevar su producto a muchos más colegios a partir del próximo curso, a unos cien, estiman, en su inmensa mayoría centros privados.

La aspiración de Muñiz es la de crecer rápidamente y extenderse por la red de colegios públicos. De hecho, el curso que viene ya podrán probar su herramienta en uno de estos centros. Concretamente, en el Miguel de Cervantes, también de Gijón.

Tener abiertas las puertas de una gran cantidad de centros les permite a la vez que luchan contra el "bullying" tener un catálogo completo de cómo son las emociones de los estudiantes por provincias, ciudades o barrios. "Podemos saber cuáles son más alegres o cuáles están más tristes, son unos datos que serían muy interesantes", destaca Muñiz. Para eso necesitan un gran volumen de datos.

Pese a la juventud del proyecto, ya piensa incluso en la expansión internacional y en seguir dando forma a su algoritmo detector de los problemas que puede ser también capaz de sacar a la luz si un estudiante padece de Asperger (un tipo de autismo) o si sufre el llamado trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

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