06 de septiembre de 2019
06.09.2019

Un emblema de la reconversión que hizo que el gas llegara a Langreo

06.09.2019 | 01:49

Vesuvius es un símbolo de la deseada reindustrialización del valle del Nalón. Su desembarco a finales de la década de los años 80 del pasado siglo supuso la llegada a Langreo de una nueva multinacional -que se sumaba al pilar industrial de Bayer- y del gas ciudad, porque la compañía había reclamado ese servicio del que aún no disponían los vecinos del concejo. Se instaló en el entonces flamante polígono industrial de Riaño, en una gran parcela de 35.000 metros cuadrados que le quedaba muy grande. Tenía intención de crecer.

Vesuvius Ibérica Refractarios, perteneciente al grupo británico Cookson, se constituyó como sociedad anónima en España bajo la denominación de Sociedad de Inversiones en Metales y Esmaltes (SIME) el 16 de agosto de 1988 y posteriormente pasó a denominarse Cookson Figueroa, aunque siempre utilizó la marca Vesuvius para sus productos refractarios. Se instaló en el polígono de Riaño en 1989 acogiéndose a las ayudas de la entonces zona de urgente reindustrialización (ZUR). De mano invirtió 900 millones de las antiguas pesetas que se completaron con 220 millones en ayudas públicas.

La producción de refractarios comenzó con una plantilla de 35 operarios y en menos de un lustro casi se dobló la plantilla. Vesuvius comenzó a considerarse como una de las empresas insignia de la deseada reactivación económica de las Cuencas -junto con Thyssen, emblema de la reindustrialización en el otro valle minero, el del Caudal- y en 1995 obtuvo el primer premio "Asturias" a la calidad empresarial.

La multinacional siguió creciendo y no dejó escapar las ayudas empresariales incluidas en los planes de reestructuración de la minería del carbón. Así Vesuvius logró pescar más de 657.000 euros de las convocatorias de 1998 y 2007. En abril de 2009 la compañía presentó un expediente de regulación de empleo (ERE) que afectaba a un total 80 trabajadores durante un año alegando una fuerte caída de pedidos de sus principales clientes (la industria siderúrgica y metalúrgica), y un mes después anunció el cierre de la planta langreana durante dos años, lo que los trabajadores consideraban un anticipo de la clausura definitiva. Se inició entonces un intenso calendario de movilizaciones en el que la plantilla obtuvo el respaldo de partidos políticos y colectivos vecinales y sociales. El conflicto acabó de forma negociada, con un recorte de plantilla y un ERE rotatorio.

Vesuvius superó ese bache y en 2012 ya volvió a incrementar empleo. Actualmente tiene 111 empleados que ahora afrontan el cese de la actividad productiva en la fábrica del polígono de Riaño, que nunca llegó a ocupar toda su parcela industrial.

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