El Banco Central Europeo (BCE) sacó ayer a relucir toda su artillería pesada para hacer frente a la crisis económica derivada de la pandemia del coronavirus. La institución comunitaria que preside Christine Lagarde va con todo y anunció un ambicioso paquete de ayudas de 600.000 millones de euros que inyectará en la economía de los países europeos mediante compra de su deuda. Todo esto porque Lagarde prevé que el contagio económico derivado del coronavirus sea de proporciones bélicas. Estima que la economía de la zona euro caerá este año un 8,7%. Y comenzará a rebotar con cierta intensidad ya el año que viene -en buena parte- gracias a sus políticas de estímulo. Para 2021 estima una subida del PIB del 5,2% y del 3,3 en 2022. No obstante, este ejercicio Lagarde aseguró que la contracción no "tendrá precedentes". Una de cal y otra de arena porque a continuación aseguró que la caída "ya ha tocado fondo".

A partir de ahora, estima, la economía volverá a crecer, aunque tardará en hacerlo aún con intensidad. No obstante, puntualizó durante su intervención, que "la velocidad y la escala del repunte sigue siendo muy incierto".

Pero mientras tanto y para frenar las duras consecuencias de estos más de dos meses de parálisis de la actividad económica Lagarde aseguró que tiene previsto prolongar hasta finales del año que viene la compra de deuda. Es decir, que seguirá inyectando dinero a las maltrechas economías que comparten el euro para evitar que entren en cuidados intensivos. Con lo que las compras de deuda desde ahora hasta finales del año que viene alcanzarán los 1,83 billones. Los mercados, por su parte, han aplaudido con fuerza este gigantesco plan de estímulos, bautizado como Programa de Compras de Emergencia Pandémica (PEPP, por sus siglas en inglés), ya que se esperaban que el tamaño de los estímulos fuera mucho menor. La primera de riesgo (famosa durante la crisis financiera de 2008 y que se utiliza para medir los riesgos financieros del país) sobre los bonos españoles cayó por debajo de los 90 puntos. Había abierto la sesión en los cien puntos.

El mensaje de Lagarde es claro. "Haremos lo que sea durante nuestro mandato", aseguró. A continuación, señaló que ya en mayo la caída de la actividad de muchos países de la zona euro había tocado fondo. Sin embargo, no precisó cuáles. Eso sí, matizó que la incertidumbre sobre el futuro es "mayúscula". Sobre la posibilidad de alargara aún más allá de diciembre de 2021 este programa de deuda, Lagarde señaló que "las compras bajo el PEPP se mantendrán hasta que se juzgue que la fase de crisis del coronavirus está finalizada".

Pese a lo abultadas que están siendo las caídas de actividad y de empleo, la entidad comunitaria matiza que entran dentro de los porcentajes previstos. De hecho, hace unas semanas el BCE estimaba que el PIB de la zona euro podría descender entre un 8 y un 12%, ahora dice que el bajón podría ser del 8,7%. Lo que quiere decir que está cerca del escenario más optimista de los dibujados por esta entidad. Los últimos datos oficiales señalan que el producto interior bruto (PIB) de la zona euro registró una contracción anual del 3,2% en el primer trimestre de 2020, frente al crecimiento del 1% del mismo periodo del año pasado, de acuerdo a los últimos datos publicados por Eurostat, la oficina de estadística comunitaria. Lógicamente ese bajón se ha pronunciado durante el segundo trimestre debido a las medidas de confinamiento que pusieron en marcha la mayor parte de los países europeos para tratar de frenar la expansión del coronavirus.

Lo que no ha tocado Lagarde en la reunión del comité ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE) son los tipos de interés. Los deja de nuevo en cero. Como estaban. Esta pueda ser una buena noticia para los hipotecados. Ya que el euribor, el tipo de interés al que se conceden la mayor parte de los préstamos hipotecarios, venía subiendo de forma sostenida durante estas últimas semanas, ante la expectativa de que el BCE subiera los tipos. Su incremento había sido suficiente pare encarecer la "hipoteca media" asturiana. Poquito aún. Solo 1,5 euros al mes, unos 18 al año. Pero significativo porque se trataba de un cambio de tendencia después de muchos meses consecutivos de descensos.