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Arcelor prioriza la reapertura de los hornos altos en Francia frente al de Asturias

La instalación gijonesa suma ya 125 días sin actividad y la plantilla teme que no pueda arrancar hasta fin de año aunque haya demanda

Uno de los dos hornos altos de Veriña (Gijón).

Uno de los dos hornos altos de Veriña (Gijón). ÁNGEL GONZÁLEZ

ArcelorMittal reabrirá a lo largo de este mes uno de los tres hornos altos de su planta de Dunquerque (Francia), que tenía parado desde finales de marzo, cuando estalló la crisis sanitaria en Europa, y se especula con que el de Fos -que también cesó su actividad durante las mismas fechas- pueda retomar el trabajo en breve. Probablemente, lo haga a la vuelta del verano. Mientras tanto, el horno alto A de Veriña, que dejó de producir el 7 de abril, hace ya 125 días, espera su oportunidad, que no llega. Es más, la plantilla teme que no se pueda arrancar hasta final de año, aunque el mercado se recuperara con brío debido al retraso que acumulan las obras de las nuevas baterías de coque, cuya segunda fase se espera que esté lista para diciembre. Deberían estar ya produciendo a pleno pulmón.

La versión oficial es que los hornos franceses -al menos el de Dunquerque- volverán a la vida industrial debido a razones organizativas del grupo en Europa. Es decir, gracias a una serie de ajustes de producción que la multinacional quiere realizar y que incluyen la parada de alguna que otra instalación en Bélgica para hacer tareas de mantenimiento. Pero los anuncios coinciden con las palabras del presidente y máximo accionista del grupo, Lakshmi Mittal, que había asegurado que, aunque tímido, ya comienza a notar un repunte de la demanda en Europa. Insuficiente para una reactivación total de las plantas, pero sí lo bastante vigoroso como para sacar a algunos talleres del letargo fabril en el que les ha sumergido la crisis del coronavirus.

En Asturias, el tirón de pedidos que atisba Arcelor -ambos en Avilés-, pero todavía la bastante exiguo como para ir más allá y poner en marcha el horno alto que sigue parado -el B continúa funcionando a una menor capacidad-, la joya de la corona industrial de la región.

En Dunquerque, a orillas del mar del Norte, Arcelor tiene tres hornos altos, de los cuales dos cerraron en cuanto estalló la crisis sanitaria. Unas semanas antes incluso de que el de Gijón echara también el freno. Allí permaneció en activo el que más capacidad de producción tenía del trío. Sin embargo, ahora la siderúrgica ha decidido abrir el número tres alegando que así compensará el bajón de producción que puede darse en otras plantas, debido a las tareas de mantenimiento que tiene previsto realizar. El caso de Fos parece diferente. Los medios de Marsella aseguran que hace unos días la compañía comunicó que tiene previsto reabrir uno de los hornos que tiene parados -lo mismo que en Asturias- durante el otoño si no hay contratiempos.

En el Principado, la plantilla ve complicado que el horno alto A pueda comenzar a producir en breve. Para empezar, le falla la materia prima. Las obras para la reconstrucción de las baterías de coque de Gijón -su gasolina- van al trantrán. La primera fase ya dio muchos problemas debido a una serie de deficiencias durante su construcción que tan solo salieron a la luz cuando esta instalación se puso en marcha. El problema fue arreglándose. Pero la segunda parte de los trabajos también está dando algún que otro quebradero de cabeza, lo que está dilatando en demasía su puesta en marcha. Aguas arriba, denuncia la plantilla, esta demora puede hacer que la dirección de la multinacional se decante por reabrir otras instalaciones -como está ocurriendo- antes de volver a poner a tono al horno alto de Gijón.

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