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Los emprendedores asturianos que nacieron de un encierro

Las nuevas empresas de la región surgidas durante las semanas de confinamiento toman carrerilla y crecen en actividad y en empleo

Eugenia Pastrana-Veiga.

Eugenia Pastrana-Veiga.

El cangués Carlos Alonso, más conocido como "Pisco", tenía una idea que llevaba tiempo rondándole la cabeza. Bastante tiempo. Tanto que hacía diez años que se le había ocurrido. Pero no fue hasta ahora, con el estallido de la pandemia y la posterior crisis, cuando se decidió a darle forma de empresa. Y funcionó. Vaya si funcionó. "Tenía un negocio inmobiliario y de asesoría en Cangas del Narcea, pero durante el confinamiento, como les pasó a casi todos los autónomos, me quedé sin ingresos. Pero sí con muchos gastos", explica. Así que con ese panorama se lanzó a la aventura. "La idea era crear una empresa de recados. De todo tipo. Lo mismo te hacemos el papeleo que te vamos a buscar a la farmacia un medicamento o a buscarte el coche porque la noche anterior saliste y volviste en taxi, como ya nos ha pasado", explica. Es -o, mejor dicho, son, porque el proyecto ha crecido tanto que tiene a su cargo a cinco empleados- como el chico de los recados de toda la vida. El suyo no es un caso único. Los hay que ni cortos ni perezosos -pero sí con muchas dudas, lógicas- han visto esta crisis sanitaria como una oportunidad para dar el salto, para cambiar su carrera y lanzarse a hacer nuevos negocios. Son la nueva hornada de emprendedores que traen el covid-19 y el confinamiento. Y en las siguientes líneas se recogen algunas de sus historias.

El propio Alonso pasó, en aquella primera ola, el coronavirus. Nada grave. Pero estuvo quince días aislado en su casa dándole vueltas a este futuro negocio, que ya es presente. Lo comenzó haciendo el reparto de las pizzas de un conocido establecimiento en Cangas del Narcea. "Era un restaurante que ni siquiera se planteaba tener un sistema de envíos a domicilio", señala. No podían permitírselo. Amplió el negocio trabajando para otro restaurante cangués, pero poco a poco fue diversificándose. Quizá no tan poco a poco, porque solo en tres meses el proyecto ha crecido una barbaridad. Tanto que ya tiene cinco motos y dos furgonetas para hacer repartos de todo tipo. También abarca más terreno. Está implantado ya con su marca, RK2, en Oviedo y Gijón. El siguiente paso asegura que será crear franquicias y ponerse a hacer recados fuera de Asturias. Probablemente, en León.

En una idea muy similar, la de crear una red de franquicias, trabaja David Iglesias, de la cadena de restaurantes asturianos La Mina. Aprovechando el parón económico, Iglesias puso en marcha las obras para crear una cocina central en Viella (Siero) para esas franquicias, en la que trabajan ya siete personas en un local de 600 metros cuadrados. "Era algo que teníamos en mente, pero aprovechamos el confinamiento para acabar los trabajos y tirar para delante con lo que estaba pendiente", destaca. "La inversión fue muy importante", añade. Desde Siero pretende cocinar todos los menús de sus futuros restaurantes. Ya tiene dos: uno en Parque Principado y otro en La Coruña. Y, ya que Iglesias participa en este reportaje, la pregunta es obligada.

-¿Cómo va el negocio hostelero en la época poscovid?

-En Asturias, medio normal, los fines de semana igual algo más flojo. En La Coruña va bien.

Ahora tiene planes para abrir más restaurantes en Madrid y Zaragoza.

Una iniciativa también ligada con la alimentación que creció durante el confinamiento y que ahora está cogiendo carrerilla es la que emprendió el hostelero y consultor gastronómico en 40 Primaveres Lluis Nel Estrada, junto con la compañía tecnológica gijonesa Gapmedia. Su objetivo era dar visibilidad a los pequeños productores agroalimentarios, que con el encierro de la población vieron cómo la mitad de su negocio, el formado por establecimientos hosteleros, se esfumaba. Así que crearon una plataforma para poner en contacto a esos productores con los clientes finales. Ya tienen 500 fabricantes registrados en esa web, repartidos por toda España, no solo en Asturias. Es más, muchos de ellos están en Baleares, donde tienen un acuerdo de colaboración con el Gobierno. Ahora, dice Estrada, se va a dar un pasito más. Porque hace nada comenzó a funcionar lo que se conoce como un "market place", una plataforma de venta por internet para facilitar aún más esa relación. Para hacerla más recíproca. "El proyecto ha ido consolidándose, creciendo de forma exponencial", resalta Estrada.

Una más. Otra de las que se decidieron a dar el salto fue la fisioterapeuta Eugenia Pastrana-Veiga, que llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de poner en marcha su propio negocio. Vio un traspaso de un centro de fisio y entrenamiento personal en Gijón y se lanzó. Aunque con alguna que otra duda. "Le di muchas vueltas. Muchas. Pero fue algo que surgió casi por casualidad. Llamé y hablé con el chico que lo llevaba y al principio no era lo que buscaba", explica. Está convencida de que su oficio tiene mucho futuro. Asegura que en esta época poscovid la fisioterapia está ganando un enorme protagonismo porque, explica, hubo muchos que se lesionaron intentando ponerse en forma tras el confinamiento. También el entrenamiento personal está en auge, porque, explica, la gente ha cogido algo de miedo a los gimnasios.

A Carlos García Carteguera la bombilla para diversificar y crear una nueva línea de negocio para la compañía en la que trabaja, Olevending -dedicada a la venta en máquinas expendedores-, se le iluminó en un viaje a Japón. Antes de la pandemia, evidentemente. "Allí tenían unos aparatos para el filtrado de agua por osmosis, para que fuera más pura", señala. Les gustó tanto que decidieron hacer negocio con ellos en España y montaron Aqua Future para traerlos del país del sol naciente -a más de 10.500 kilómetros de distancia- y venderlos aquí. Así nació su empresa. "Hicimos una inversión muy fuerte. Pero el empresario debe ser optimista; si no, es complicado emprender", apostilla.

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