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¿Por qué Asturias ha perdido competitividad en los últimos años? Las razones del declive

La región fue la que más posiciones bajó desde 2008 en el índice que mide la capacidad de favorecer la actividad empresarial, en parte por los datos adversos del sector público

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La competitividad, concepto asido desde los años 90 al avance en la integración de los mercados (globalización) y a la hegemonía del discurso liberal, es definida por los economistas, cuando se habla de un territorio, como su capacidad para favorecer el desarrollo de la actividad empresarial y con ello la creación de riqueza. La más reciente tentativa de medir la competitividad regional en España, obra del Consejo de Colegios de Economistas, coloca a Asturias en la posición undécima y con una tendencia declinante que viene de atrás. Los resultados del mismo índice durante la última década atribuyen a la comunidad la mayor caída de competitividad observada en España: del séptimo lugar en 2008 al decimo primero en 2019. En ese tiempo, Asturias ha empeorado, entre otros, en los indicadores relacionados con el sector público y la formación y se ha estancado en innovación. En cambio, ha mejorado en empleo y mantenido una buena dotación de infraestructuras.

El indice de competitividad regional es elaborado por un equipo de economistas del que forma parte el profesor murciano José Carlos Sánchez de la Vega. Este matizó ayer que los investigadores no han indagado en las razones últimas del caso particular de Asturias, cuyo descenso de competitividad es el reflejo del comportamiento adverso de parte de los 43 indicadores utilizados en el estudio. Sánchez de la Vega sí comento, como “idea general”, lo que supone que un territorio ocupe en el ranking la posición que tiene el Principado: “Significa que es una región que, por unos u otros motivos, resulta menos atractiva que otras para recibir inversión exterior o para que trabajadores cualificados piensen en ir a ella; puede ser también que la propia estructura productiva no permita un dinamismo importante y que su productividad no crezca suficientemente y arrastre con ello a la renta per capita, en definitiva que esté limitando las posibilidades de mejora del bienestar de sus ciudadanos”.

La declinante competitividad asturiana

La declinante competitividad asturiana

La comparación de los resultados que obtenía Asturias en el examen realizado por los economistas en 2008 y len 2019 aporta resultados como los que se describen a continuación.

El mapa.

Las primeras posiciones de competitividad siguen invariables (Madrid, Navarra y País Vasco). Y por la cola se intercambian los lugares de Andalucía (última en 2008) y Extremadura (penúltima entonces y última ahora). En los niveles intermedios el cambio más significativo ha sido el retroceso de cuatro puestos de Asturias.

Las razones.

En ausencia de un análisis más fino que los autores no han hecho sobre Asturias, la variación en los capítulos que el estudio tiene en cuenta para medir la capacidad de competir ha sido esta: el entorno económico, que tiene en cuenta factores como la productividad, pasó de un nivel “medio-bajo” a “bajo”; el mercado laboral, epígrafe que evalúa y compara distintos indicadores de paro, ha progresado de “bajo” a “medio bajo”; el capital humano desciende de un nivel “alto” en 2008 a uno “medio bajo” once años después; los datos relativos al entorno institucional, que tiene en cuenta, entre otras cuestiones, el desempeño económico de la Administración (déficit y deuda), el esfuerzo fiscal y la desigualdad en la distribución de la renta, pasó de un nota “alta” a una “media-baja”; la calificación de las infraestructuras pierde cierto brillo, pero es aún “media-alta”; mejora ligeramente la eficiencia empresarial (hasta un nivel medio-bajo en 2019), que considera el tamaño de las empresas y su apertura exterior, entre otras cuestiones, y el nivel de innovación permanece en la franja “media-baja”.

“Significa que es una región que, por unos u otros motivos, resulta menos atractiva que otras para recibir inversión exterior o para que trabajadores cualificados piensen en ir a ella", asegura José Carlos Sánchez de la Vega

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Dos disonancias.

La relevancia que la metodología del índice da aspectos como la productividad o la innovación explica que las regiones con un perfil industrial más pronunciado, como Navarra y el País Vasco, aparezcan en puestos muy avanzados y que aquellos otros escorados hacia el sector primario o los servicios de consumo queden por debajo. Asturias es en apariencia una anomalía. Pese a que las actividades industriales suponen en torno al 18% del PIB, superior al promedio nacional (14%), obtiene peores resultados que otras con menor peso fabril (Galicia o Comunidad Valenciana). Tal disonancia puede guardar relación con la importancia que tiene en Asturias la industria básica, formada por actividades tecnológicamente maduras y con menor valor añadido y potencia innovadora que otras manufacturas. Una segunda disonancia remite al mapa de la competitividad: las demás regiones del Noroeste, con algunos hándicaps parejos a los del Principado (envejecimiento demográfico, condición periférica, sectores industriales en declive...), han logrando mantener su capacidad de competir por encima de la media, al contrario que Asturias.

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