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Ola de frío y de alarmismo eléctrico

El encarecimiento de la factura para los usuarios afectados (el 40% de los abonados) podría situarse entre 5 y 10 euros en el próximo recibo

La térmica de Soto de Ribera en una imagen de archivo

La térmica de Soto de Ribera en una imagen de archivo

La ola de frío sin precedente en medio siglo que aterió la península en la última decena impulsó una oleada de alarmismo eléctrico. Hoy, domingo, el mercado encadenará su cuarta jornada de abaratamientos consecutivos del precio de la energía.

Desde el miércoles, el precio medio diario en el mercado mayorista se replegó el 28,32%. Y respecto al día 8 (cuando el sistema marcó un récord de carestía sólo superado diecinueve años atrás, el 11 de enero de 2002), la caída de precios de referencia es del 32%. De manera que aunque los incrementos porcentuales experimentados en los últimos días resultaban muy escandalosos, y aun cuando los precios siguen significativamente por encima de las referencias previas a la ola térmica, la repercusión en términos absolutos –y por lo tanto en euros– para los usuarios directamente afectados por el precios mayorista (los acogidos a la tarifa regulada PVPC, que representan el 40% del total de abonados de las compañías eléctricas en España) puede que acabe consistiendo en un encarecimiento de la factura de enero que –en función de la duración de las bajas temperaturas extremas, ya en retirada– oscilará entre 5 y 10 euros para un cliente tipo medio, según las estimaciones de analistas del sector, simuladores de los órganos reguladores y del propio Gobierno.

En todo caso, las situaciones episódicas propiciadas por una conjunción de circunstancias coyunturales tienen efectos también transitorios. Hace cuatro años, en enero de 2017, se vivió una situación muy similar a la actual, se hicieron proyecciones tremendistas de encarecimientos de la factura de hasta 100 euros anuales y sin embargo en pocas semanas ya nadie se acordaba de ello porque lo que es pasajero propende a remitir.

Los incrementos porcentuales del precio de la energía en las subastas del sistema, donde casan sus operaciones los productores y comercializadores de electricidad, fueron muy acusados en la primera quincena de mes, con alzas de hasta el 123% en alguna jornada y franja horaria.

Pero los incrementos porcentuales pueden ser muy engañosos. La referencia de partida es crucial y 2020 fue el ejercicio con la electricidad más barata de la década gracias al gran concurso de las energías renovables, que son fuentes primarias más baratas, y la caída de la demanda por los confinamientos y la merma de la actividad económica a causa de la pandemia. El precio mayorista terminó el año pasado en 33,96 euros por megavatio hora, el nivel más bajo desde 2004. De los 60 a 65 euros por megavatio hora de mediados de 2018 se bajó a 40 en 2019 y a 33 en 2020, señaló el Ministerio para la Transición Energética.

A su vez, los incrementos porcentuales por horas y días no se trasladan de forma directa a aquella parte de los consumidores (11 millones de un total de 28 millones) cuyos recibos de la electricidad están directamente indexados al precio mayorista, dado que lo relevante son las medias. Y tampoco cabe establecer una repercusión en el recibo directamente proporcional al alza en el “pool”, dado que el precio mayorista sólo impacta en la parte variable de la factura (que representa el 35% del recibo) de aquellos consumidores más expuestos a las oscilaciones en el mercado mayorista por estar acogidos a la tarifa PVPC (precio voluntario para el pequeño consumidor) y no a las ofertas del mercado liberalizado. El resto de la factura (la parte fija) incluye peajes, impuestos y otros cargos, y los peajes fueron congelados por el Gobierno para 2021.

En la PVPC (la antaño denominada tarifa de último recurso o TUR) figuran, entre otros consumidores, el segmento más vulnerable de la población, pero 1,5 millones de estos usuarios disponen del bono social, que entraña descuentos de entre el 25% y el 40%.

En la controversia de los últimos días se ha entremezclado el debate por la carestía coyuntural de la energía en el sistema de fijación de precios con la discusión por los cargos que, ajenos al coste de producir y suministrar la energía, integran la parte regulada del recibo. Con ello sólo se añade confusión sobre aquello de lo que se debate. Lo ocurrido en los últimos días tiene que ver con la parte variable y no con la fija del recibo.

El encarecimiento súbito de los precios del mercado mayorista (se pasó en ocho días de los 33,96 euros a los 94,99 euros por megavatio hora, un alza del 179,6%) estuvo determinado por un incremento de la demanda del 15% como consecuencia del frente polar y la borrasca “Filomena”, que depararon la mayor nevada en amplias zonas de España desde 1971, la ola de frío más prolongada desde 2001 y las temperaturas mínimas más bajas en 60 años tras las de 1985.

El 8 de enero la demanda llegó a alcanzar los 42.225 megavatios, muy cerca de los 45.540 del 17 de diciembre de 2007, que supuso el récord histórico aún vigente.

Es norma universal que siempre que aumenta la demanda y la oferta no lo hace en la misma proporción, los precios suben. Y en esta ocasión se disparó la demanda y cayó la oferta, con lo que el impacto sobre los precios fue doble.

La oferta cayó en primer lugar por la drástica reducción de la contribución de la energía solar a causa de la tormenta y la merma de la eólica a consecuencia de la situación anticiclónica que se produjo de modo coincidente.

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