Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Esteban Fernández Rico | Decano del Colegio de Ingenieros Industriales de Asturias

“En Asturias hace falta una hoja de ruta para ser ágiles con los fondos de la UE”

“La industria de la región lleva años modernizándose, se observa en su competitividad internacional y en la transformación de sus procesos”

Esteban Fernández Rico, en la sede del Colegio en Oviedo. | Miki López

Esteban Fernández Rico, en la sede del Colegio en Oviedo. | Miki López

Esteban Fernández Rico (Boal, 1951) es el decano del Colegio de Ingenieros Industriales en Asturias, una asociación que sirve de abrigo para más de 2.000 profesionales de la región. En las siguientes líneas, Fernández Rico reflexiona sobre los desafíos del sector industrial asturiano y sobre cómo puede aprovechar la oportunidad de los fondos europeos.

–¿Qué balance hace del impacto de la crisis del coronavirus?

–El impacto es desigual según el sector que se considere. Por poner extremos, el sector servicios, pequeño comercio, turismo o deportes están sufriendo la crisis, como todos sabemos, de forma especial. También los gobiernos y las corporaciones locales, por los reajustes presupuestarios. Mientras que, por ejemplo, el sector alimentario tiene un desempeño muy bueno, como también las empresas de productos o tecnologías muy específicos vinculados con las necesidades sanitarias, en las que la crisis se plantea como oportunidad y revulsivo para nuevos desarrollos. Por otra parte, hay que considerar la coincidencia de la crisis con otros aspectos de los mercados. Por ejemplo, el sector de la energía ha ejecutado importantes proyectos a finales de 2020.

–¿Qué efectos puede dejar una pandemia de estas características sobre el sector industrial?

–Sin duda, las empresas más afectadas pueden sufrir efectos muy negativos en sus carteras, lo que se está traduciendo en dificultades para mantener la actividad al cien por cien, afectando directamente a la gestión de los recursos humanos. A la vez, esta situación está motivando reajustes y revisiones en los planes estratégicos que incluyen reingeniería de procesos, aplicación de nuevas tecnologías, transformación digital, formación avanzada, etc. En este sentido la crisis se plantea como una oportunidad de la que se puede salir con una competitividad mayor.

–¿Qué previsiones tienen?

–En general somos optimistas, con un enfoque responsable y pragmático. Si progresivamente mejora la situación de la pandemia, lo que podemos esperar por las vacunas y el verano, debería producirse una recuperación, planteada también en términos de consumo, movilidad y actividad empresarial, tanto por los mercados nacionales como internacionales.

–¿Cómo podría una región como Asturias beneficiarse de las ayudas europeas?

–Los fondos para la recuperación son una oportunidad extraordinaria, puesto que hablamos de un volumen sin precedentes. Por ello tenemos la obligación y la responsabilidad de obtener el máximo partido, lo que exige comprender muy bien la estrategia europea, la nacional y la regional. Y las tres deben converger. Los grandes vectores europeos tratan de fortalecernos como Unión, y forzosamente debemos alinearnos. Pero esto exige alinearse con conocimiento, no por coincidencia. De ahí que la estrategia para plantear los grandes proyectos susceptibles de financiación sea un elemento fundamental en el planteamiento. Es imprescindible el esfuerzo conjunto de los grandes actores, la administración, los sectores empresariales, etc., con la dificultad que esto añade para la gestión y cumplimiento de las formalidades y plazos, y sabiendo como sabemos que la rendición de cuentas es un requisito ineludible. Asturias tiene recursos organizacionales, humanos y empresariales suficientes para avanzar con proyectos alineados sensibles para nuestra región. No tengo duda. Sin embargo, es verdad que tenemos también precedentes de cierto fracaso en lograr resultados de impacto en el tejido industrial.

–¿A qué se refiere?

–Siempre he pensado que, como región, nos falta disponer de una hoja de ruta planteada desde hace años con el consenso necesario, para que en ocasiones como la actual, tengamos mucho camino hecho. Sería como la síntesis de la vigilancia tecnológica y la prospectiva, planteada para nuestra comunidad. Desde luego este enfoque ayudaría en estos momentos para ser más ágiles, al basarse en directrices de primer nivel previas.

–¿Le preocupa que la región no haya presentado su listado de proyectos concretos?

–No me preocupa tanto que aún no se hayan presentado como que en su momento no sean acertados y no generen un alto retorno para la modernización y transformación del tejido empresarial.

–¿Qué está haciendo la industria asturiana para modernizarse y salir de esta crisis en mejores condiciones?

–La industria asturiana lleva años modernizándose, como se evidencia en su competitividad internacional, en la progresiva transformación que se ha ido llevando a cabo en los procesos, en las tecnologías, más acordes con el ahorro energético, la visión ecológica, la digitalización y, en definitiva, con las propias exigencias crecientes de los mercados. En relación con la digitalización, nuestro Colegio fue designado en 2018 por Red.es, Oficina de Transformación Digital de Asturias. Colaborando con otras Instituciones del Principado se han realizado hasta la fecha 68 jornadas con 1.520 asistentes. A mí me preocupa el desajuste del empleo, porque la modernización requiere capacidades que seguramente en muchos casos aún no hemos desarrollado y que necesitan visión y soporte, para no perder el tren. Por ello la colaboración de todos los agentes es tan importante, incluyendo a la Universidad, por cuanto en muchos campos puede aportar las novedades y técnicas más avanzadas. En el Colegio estamos muy atentos a todos estos aspectos.

–¿Qué fortalezas considera que tiene la región para salir de esta crisis?

–El hecho de haber superado otras crisis ya en sí mismo es una fortaleza. Y claro, el “know-how” que disponemos, la diversidad de sectores en los que somos competitivos, las mejoras tecnológicas que se han ido acometiendo, el nivel de calidad con el que se trabaja, después de muchos años profundizando en la certificación de los sistemas, en la innovación.

–¿Tiene posibilidades Asturias de atraer trabajadores de fuera, esencialmente mediante el teletrabajo?

–La pandemia está modificando comportamientos que en muchos casos generan soluciones innovadoras. En principio, pueden considerarse coyunturales, pero seguramente arraigarán como otras formas de hacer, perfectamente válidas en términos profesionales, a la vez que con mayor compromiso para el equilibrio profesional personal. Asturias sin duda puede ofrecer un soporte muy competitivo al respecto, por la calidad de vida, y por la experiencia y consolidación que ya tenemos en lo digital.

–¿Qué efectos considera que pueda tener la transición energética sobre la región?

–El proceso de transición energética está emitiendo señales desde hace años, consolidándose con el pacto verde europeo de 2019 (Green Deal) que establece una mayor eficiencia en el consumo de recursos y el objetivo de neutralidad climática en el 2050. Una transición de este calibre, con efectos en las centrales térmicas y nucleares, y la progresiva consolidación de energías renovables, sin duda está cerrando un largo ciclo asociado a los combustibles fósiles, a la vez que está abriendo sucesivos nuevos escenarios en los que obligatoriamente debemos posicionarnos. Los efectos negativos pueden visualizarse, entre otros casos, en los costes para las empresas hiperelectrointensivas, pero también en que nuestra industria no esté posicionada como referencia en sectores de esperado crecimiento.

–¿Cuáles?

– El de la movilidad eléctrica, el del almacenamiento energético o el del hidrógeno verde, aunque soy consciente de los avances que se están produciendo y la colaboración ya establecida entre empresas en relación con el hidrógeno. Creo que los efectos más destacados se pueden asociar al cambio de modelo mismo, y a los nuevos enfoques regulatorios.

–¿Cómo atajar esos efectos?

–Las energías fotovoltaica, eólica y marina; el hidrógeno; los sistemas de almacenamiento; los sistemas de simulación e inteligentes; la digitalización de los procesos industriales, incluyendo una gestión de datos robusta, y aquellos aspectos de la industria 4.0 que apliquen o la movilidad eléctrica, son campos que será necesario tener muy presentes, en aplicación directa, pero también indirecta, por el efecto tractor que pueden suponer. Precisamente en estos campos los ingenieros industriales venimos trabajando desde hace algún tiempo, por la aportación de valor que suponen estas herramientas para la industria. Además no debemos olvidar el papel de la domótica o el autoconsumo que estarán directamente involucrados en todos estos cambios y a los que se les exigirá una participación mucho más activa, que debe acompañarse con regulaciones flexibles y ágiles.

Compartir el artículo

stats